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domingo, 15 de julio de 2018

Un siglo sin verse.

Pareciera que llevasen un siglo sin verse cuando Èl la recogió en la playa. Ella olía a mar y desprendía el calor de quien pasa horas al sol. Había bebido mojitos, un par, con una amiga y ahora soñaba con una ducha, Sushi y muchos mimos. Así se lo hizo saber cuando Èl le preguntó.

Llegaron a casa. Ella se fue a duchar, para no llenar la casa de arena, Él mientras llamó al restaurante japonés de siempre.  Apareció en la ducha y entro con ella.

-Alguien debería estar chupandome la polla.

Ella se arrodilló y comenzó a lamer despacio, como si hiciese siglos que no lo saboreaba... disfrutó de ello, le gustaba chuparsela, sentir sus gemidos... quería lograr ese grito de placer que la primera vez le asustó, pensando que le dolía... vivía para oír el placer de las mamadas.  No era celosa pero a veces pensaba... si esto acaba espero que nadie se la chupe cómo yo.

Tuvieron que salir, después de Èl correrse porque alguien tenía que abrirle al repartidor. Él se puso un pijama, ella un corsé negro y turquesa. El Sushi era su comida favorita del mundo. Cenaron juntos en el sofá, probando diferentes sabores, disfrutando juntos, charlando. Y después,  Él la mandó a la cama.

-Tocate,  calientate para mi.

Ella se calentaba solo con su olor... aunque nunca se lo decía.

Cuando Él llegó follaron, con mordiscos y azotes, mirándose a los ojos, ella bocabajo y el encima, con el hitachi bajo ella... un polvo largo, con muchas posturas, con mucho placer,  de los que recuerdas para siempre (al menos así lo sintió ella).

Se tumbó rendida, Él a su lado y lo observó quedarse dormido, mientras acariciaba su pecho sin que se diese cuenta. Se echó a un lado, para no despertarlo mientras se movía... se durmió.

En mitad de la noche, Èl la buscó en sueños y la abrazó fuerte.

En ese momento ella se dio cuenta de que no necesitaba practicas concretas, ni roles, ni juegos, sino alguien como Él a quien entregar su alma.

jueves, 5 de mayo de 2016

Dulcinea

A veces me mecía entre sus brazos, cuando mi cuerpo pedía contacto, mimos y mis ojos gritaban cansancio... cuando los tacones me llevaban a mí en vez de lucirlos yo a ellos...

A veced era su Dulcinea, me protegía de todo, venía a salvarme... sin necesitar yo ser salvada... venía a aportarme y enriquecerme.

Esa tarde cuando llegó yo estaba sentada en el suelo. Después de doce horas fuera no había llegado al sofá. Cuando me vió allí me sonrió y yo me aferré con fuerza a su pierna.

-¿día duro, pequeñita?
-Sí Amo.

Y se agachó, me agarró las manos y me ayudó a levantarme. Me llevó a la cama y me tumbó boca abajo. Me dio un azote y un beso... mientras desaparecía en el baño.

Cuando volvió yo estaba medio dormida. Él llevaba una toalla en la cintura. Se subió sobre mi y me masajeó la espalda...

-te voy a follar

Entró dentro de mí con tanta ternura que quise llorar. Se corrió cuando me daba permiso para hacerlo y me besó mientras se tumbaba a mí lado.

Me terminé de desnudar a orden suya y fui a por unos sándwiches... Esa noche me permitió comer en la cama.

Nos tumbamos juntos a ver una peli, mientras Él pellizcaba mis pezones.

Bajé con la boca a su entrepierna y se derramó en mí.

Me agarró y me meció entre sus brazos, cubriendome del mundo, protegiendome, cuidándome; como a su muñeca,  su princesa de cuento, su Dulcinea.

viernes, 29 de abril de 2016

El viaje

Amo, vayamos de viaje. Cojamos el coche y las maletas. Me gusta ver como conduce, me gusta sentir esa seguridad en el coche que solo usted me da. Yo le daré de beber mientras conduce, le daré de comer y pondré la música que a usted le gusta.

Pararemos a comer en un venta de carretera y usted me rodeará la cintura y agarrará mi culo cuando los camioneros se giren a mirar.   Comeremos filete con patatas, simple y sencillo, como la vida que quiero con usted.  Un café y una tarta para los dos. Me llenará la nariz de nata de tarta y se reirá de verme tratar de alcanzarla con la lengua.

Cuando lleguemos usted llamará a esos amigos que usted quiere, porque cuidaron de mí antes de que usted apareciese... mientras yo deshago las maletas.

Mientras habla le llenaré de besos sorpresa y usted me mirará regañon por no dejarlo hablar tranquilo... y yo pararé, porque su mirada regañon no me gusta.  Prefiero cuando sus ojos me sonríen.

Saldremos a pasear, me agarrará fuerte la mano y me frenará cuando vaya a cruzar sin mirar, porque cuando voy con usted prefiero mirarlo.

Nos sentaremos en un banco y como llevaré vestido, usted jugará conmigo y mis cosquillas... sonará el violín de una chica que practica en su casa y que sale de la habitación... me cantará al oído y yo me derretiré... con usted siempre tengo agujetas

Cuando vayamos a cenar me dará de comer de su propio tenedor, me sentará a su lado y me pondrá el cuello rojo de tantos besos.

En la habitación le haré un striptease como me enseñó mi amiga, esa que a veces me dan ganas de besar en los labios.

Y follaremos, follaremos para encontrarnos en lo más profundo de nosotros mismos. Y no hará falta nada en el mundo mientras me permita enroscarme a su cintura, mientras me bombeé y me remueva por dentro el placer.

Amaneceremos enroscados sin saber en qué momento nos venció el sueño. Yo beberé de usted y saldremos a desayunar. Usted se enternecerá  cuando al ver a mí amiga yo me suelte de su mano porque las ganas de abrazarla me puedan... y recordará el día que se la presenté, a ella que es mi hermana, a su Amo que es mi hermano.

Iremos a comer juntos y después a un partido de fútbol y nos mandarán callar porque no se concentran en el juego... pero es que necesitamos bebernos los segundos para aprovechar que estamos juntas.

Y esa noche en la habitación, mientras me folla yo le agradeceré que md quiera tanto, que me aporte tanto y que quiera tanto a mis amigos, que son familia,  como lo hago yo. Y usted me dará dos azotes y me besará

Y me dormiré sabiendo que no hay otros brazos en los que esté más segura

Amo, lléveme de viaje, por favor. 

jueves, 11 de febrero de 2016

Su puta.

-Perra, así no, desnúdate despacio, sé sensual. 
-Si, Amo. 

Él estaba tumbado en la cama, en calzoncillos, con un trozo de chocolate con almendras en una mano y un trozo de chocolate blanco en la otra. 

Yo acababa de volver de una cena de trabajo, falda negra, camisa blanca, chaqueta, tacones negros, medias sobrias, pelo recogido en un moño y labios rojos. 

Me solté el pelo. Despacio, moviendo la cabeza a ambos lados, tranquila. Él puso música. Creo que en ese instante me puse colorada, odio los strip-tease (se escribe así).  Bailaba avergonzada, pero me fui soltando poco a poco. La chaqueta cayó después, mientras movía las caderas y bajé la falda. Ahí me recreé más, me gustaba mi imagen con camisa, medias y tacones. La camisa fue abriéndose botón a botón y levanté los brazos para dejarla caer. Mientras revolvía mi pelo y movía mi cabeza a los lados. Contoneaba las caderas cuando me deshice del sujetador. 

-Para. El resto te lo voy a arrancar a mordiscos. Pero ahora no, ahora ven y chupa, que mira lo  que has hecho, puta. -Dijo mientras señalaba su ereccion. 

Me acerqué a cuatro patas, subiendo a la cama y metí la cabeza entre sus piernas. Primero le quité los calzoncillos con los dientes y cuando conseguí sacar su polla comencé a lamer la despacio. Él seguía con el chocolate y de vez en cuando lo pasaba por mi cara, llenandome de churretes. Me agarró la cabeza cuando acabó el chocolate para follarme a gusto la boca. Cogiendo me por el pelo y ahogándome. Llegado el momento, se empezó a correr en mi boca y mientras lo hacía, sacó la polla, llenando mi pelo, mi cara y mis tetas. 

-Anda que no eres guarra, mira como te has puesto.

Me colocó sobre sus rodillas. Comenzó a darme azotes, no eran muy fuertes. 

-No quiero una perra sucia. 

Se reía divertido mientras yo soltaba pequeños quejidos. 

-Vamos al baño perra.

Me cogio en volandas, como si no pesas nada, y me metió en la ducha, abrió el grifo y puso mi cabeza debajo, pegada  casi al desagüe, de esa manera solo mi cabeza se mojaba. Se colocó detrás de mí y entró en mi culo, lubricados solo con un  poco de saliva para que no le doliente a Él. 


Se corrió y cerró el grifo. Con una toalla me envolvió y me abrazó, secándose el pelo y la cara. 

-¿Cómo estás pequeña?
-Cachonda Amo.
-Mmmm pequeña zorra ¿Qué voy a hacer contigo?

Sentada en su regazo, apoyando la cabeza en su hombro, entro con sus dedos en lo más profundo de mí y comenzó a moverlos. 

Me dijo que me corriese al oído y yo nunca querría desobedecerlo.