martes, 24 de noviembre de 2020

Animal

A veces se retorcía como un gato, por eso Él tenía que atarla para follarle el culo tranquilo, si no, sus movimientos le molestaban. 

Cuando estaba atada también se retorcía y entonces el la azotaba con la mano mientras la penetraba con más dureza aún. 

Horas antes la había metido en la ducha, como un fardo pequeño y charlatán. La había lavado con la esponja con pequeñas púas, esa que pinchaba y exfoliaba tan bien su piel. " Si es por tu bien" le decía cada vez que ella se quejaba. Después una ducha anal rápida. Eso también era por su bien claro... Era ella la que iba a limpiar la polla cuando saliese de su culo. Tres litros y medio estaba bien, era benevolente, otras veces, en un despliegue de generosidad gastaba hasta cinco en ella. 
Ahí, más que un gato, parecía una culebrilla, retorciéndose sobre sí misma. No le ponía tapón ni plug anal, le gustaba ver cómo ella aguantaba para Él, era parte de su tarea, aguantar hasta que Él se lo permitía. Así estaba limpia. 

Después, sobre la cama, habían jugado con la alta frecuencia... En secreto ella odiaba la alta frecuencia, le daba miedo el sonido y no le gustaba la sensación pero ¿Era acaso problema de Él? Dos o tres picotazos en su culo y ella se callaba, se calmaba, aguantaba la respiración. Después una bala de jengibre en el coño con un poco de cayena... Nada como un buen incentivo para lograr una mamada de calidad. Pero Él no quería correrse, cuando estaba lo suficientemente dura, pinzó sus pezones.

No la dejó lavarse aún y le dio un par de bofetones antes de decirle que agarrase la cadena que unía las pinzas con los dientes.

-Ay de ti cómo se te escape. 


Y entonces la agarró y la colocó al borde de la cama, para follarle el culo. Ella empezó a retorcerse como un gato, intentaba huir, le dolía, conscientemente no quería moverse, pero su cuerpo reaccionaba sin tenerla en cuenta. Por eso tuvo que atarla... Y cuando vio que no cesaba en su intento, sacó el gato de nueve colas y mientras le follaba el culo, le dio en la parte alta de la espalda. Ahora sí, montaba a una yegua... 

¿Cuantos animales puede imitar una perra en una sola tarde? 

Al final, como una zorra, se tragó la corrida y limpió la polla recién salida de su culo. 

martes, 3 de noviembre de 2020

Domingo al mediodia.

 Correrse 25 veces seguidas no siempre había sido fácil para ella... es más, durante mucho tiempo pensó que era imposible, pero ahora, raro era el día que no se corría al menos 7 u 8 a Él le gustaba mantenerla activa, que no perdiese la práctica y que se notase que hacía lo que quería con su propiedad. Incluso una vez había llegado a correrse simplemente porque Él se lo había dicho. 

Cuando Él le ordenaba que se corriese un número de veces determinadas y la dejaba sola, tenía un archivo de imágenes mentales a las que siempre recurría. Agarraba SU almohada para obtener su olor y con una mano acariciando su clítoris recordaba

Aquella mamada en la que Él la obligó a ahogarse con su polla mientras ella se corría. 

El día que la azotó con la vara y después la abrazó y su olor se quedó tanto tiempo en ella como las marcas en su piel. 

El primer día que se atrevió a darle un beso por iniciativa propia, sin que Él se lo pidiese. 

Aquel día que hizo que se corriese delante de todos sus amigos, varias veces seguidas. 

La conversación en la que ella descubrió que no había ahodando en sus propias fantasías. 


Muchas de aquellas escenas a las que ella recurría, se habían repetido más de una vez, pero en general había un detalle que las hacía especiales. Después solo tenía que darle la fuerza adecuada a sus dedos y encadenar orgasmos. Repetirse que ella solo tenía que obedecer a su dueño, que las propiedades solo obedecen y cumplen con lo que se les ordena... y, generalmente de cinco en cinco, conseguía correrse el número de veces que Él le hubiese ordenado. Algunas veces tan fuerte que tenía que morderse el brazo o los labios para no hacer ruido, como Él le había ordenado antes de irse. 

Llegar a los 25 era quedar exhausta, las piernas le temblaban, no sentía los dedos, le dolían las muñecas y no podía parar de sonreír. El apareció en el cuarto:


-¿Cómo vas?

-Ya terminé mi ofrenda, Amo. 

-¿25? ¿Sin gritos?

-Si, Amo. 

-Bien. Otros cinco. 

Ella sabía que eso iba a suceder. siempre sucedía. Esta vez no le hicieron falta imágenes mentales, la sonrisa de su Amo al decírselo le había bastado y Él seguía ahí. Se empezó a tocar con fuerza:

-Vamos puta, que te he dicho que te corras, obedece... qué obedezcas.- dijo, dándole un azote en el muslo. 

Ahí se corrió, las otras cinco veces, le tembló la cabeza y se dejó llevar. 

Cuando Él la vio correrse desapareció. Volvió con un vaso de agua. 

-¿Ya?

-Si Amo. 

-¿Los cinco?

-Si Amo, gracias Amo. 

Él se sentó en la cama y la besó en la frente. 

-Pues ve a lavarte que vamos a salir. 

Ella cerró un poco los ojos, aún estaba algo mareada. Se agarró al cabecero y se incorporó. 

-No no, espera a sentir las piernas, a ver si te vas a caer y encima vas a fastidiarnos el aperitivo. 

Se metió en la ducha con cierto temblor aún en las piernas. Soñaba con un vermú al sol. Al salir Él la llamó. Fue al dormitorio aún con la toalla puesta, no sabía que tenía que ponerse. Sobre la cama un vestido azul con la falda de vuelo y el cinturón de castidad, que la limitaba más por el hecho de no poder ir a mear que por la castidad en si misma, ella solo se corría con una orden de su Amo. 

Él la ayudó a colocárselo después de darle una oportunidad más para mear y tras eso se vistió, se maquilló un poco y salieron. Fueron a tapear algo con unos amigos y Él decidió que comerían en la calle en vez de volver a la casa. Ella controlaba, dentro de las posibilidades que su Amo le daba, la cantidad de bebida que tomaba, pero cada vez resultaba más dificil. Un vermú y una copa de vino con la comida, un vaso de agua que su Amo había pedido para ella con el café y el chupito que el dueño del local ofreció. 

Cuando llegaron a casa Él se sentó en el sofá. 

-Amo ¿Me permitiría quitarme el cinturón para poder ir a mear?

-¿Ya tienes ganas? 

-Si Amo, por favor. 

-Te dejo elegir: puedes quitártelo ya y cambiarlo por las pinzas japonesas o esperar a que a mi me apetezca que te lo quites y correr el riesgo de mearte mientras me la chupas. 

-Espero a que a usted le apetezca, Amo. - dijo ella, pensando en el terror que le daban las pinzas japonesas. 

-De acuerdo, trae las pinzas normales. 

Erytheia palideció, no contaba para nada con eso... 

-¿Qué te pasa en la cara?

-Es que no es justo, Amo... 

-Si querías justicia haberte metido a abogada y no a sumisa. Tira a por las pinzas. 

-Si, Amo. 

Con las pinzas en los pezones, que su Amo le había colocado sin masajearlos antes porque ella era una bocazas, se la chupó durante mucho rato, al menos 40 minutos sin parar, con las babas por toda la cara y tirones en los pezones que Él le daba a cada rato. Tardó muchísimo en correrse y tuvo una corrida super abundante que a Ery le supo a merienda y gloria bendita. El semen, cuando gusta, gusta mucho. 

-Venga, trae las llaves, que te voy a dejar mear antes de que me manches algo

Y así empezó la tarde del domingo. 

domingo, 1 de noviembre de 2020

Domingo

 Los domingos por la mañana son su día favorito de la semana, que, si tenemos en cuenta que odia los domingos por la tarde, resulta una paradoja. Pero tiene su explicación, los domingos por la mañana amanece a su lado... o a sus pies... pero lo primero que siente al despertarse es Su olor, huele a fresco, siempre, huele a hogar. Es el único día de la semana en el que Él no sale a correr por las mañanas y por tanto el único día en el que ella se despierta y Él sigue en la cama. Le gusta acariciarlo con un dedo en el costado, muy suave, sin que Él pueda notarlo. Se levanta y aún descalza y desnuda pone la cafetera. 

Realmente, cada rato junto a Él se convierte en su favorito. Los días que pasan juntos, días completos y no solo en los que se ven a ratos sueltos entre obligaciones laborales, ella los tacha en el calendario con forma de corazón, distinguiéndolos de los días normales, si alguien abre su calendario a final de año, puede contar los días en que a ella se le ha salido el corazón del pecho de felicidad, porque ese es su estado cuando Él está cerca.

Prepara el café, corta fruta, deja todo listo para preparar el desayuno rápido cuando Él se lo pida y luego se asea para Él... no está muy segura de si Él se ha dado cuenta de que cuando duerme a su lado se pone dos gotas de colonia antes de entrar en la cama y por las mañanas igual. Y Con todo preparado y caliente, vuelve a la cama.

 A veces Él está ya despierto y al notar como apoya de nuevo su cabeza en la almohada le guía la cabeza... a veces a la boca para besarla, a veces a la polla para que lo despierte como merece. Otras veces Él sigue durmiendo y ella se acurruca en su costado, por debajo de Él.

Cuando Él se despierta siempre hay un momento, antes del café, en el que ella le hace una mamada. Las mamadas de Buenos días tienen que ser distintas a las de buenas noches. Tienen que empezar despacio y acabar con fuerza, ella tiene que demostrar más que nunca todas las horas que lleva anhelando ese momento. No le cuesta demasiado, se siente ansiosa por hacerlo y en las raras ocasiones en las que eso no sucede, cuando empieza, se siente tan en su sitio que en pocos segundos está disfrutando como siempre, de su espacio, su momento, su lugar.

Cuando acaba y le limpia, le lleva el café a la cama. Mientras Él lo saborea ella prepara el resto del desayuno. Lo lleva a la mesa y cuando está listo le pregunta si desea levantarse ya o si por el contrario prefiere esperar. Si Él prefiere esperar ella deja las tostadas guardando calor en el horno. 

Cuando Él decide levantarse a desayunar ella le sirve y si Él se lo permite, desayunan juntos. Hoy Él le ha dado de comer de su mano mientras ella estaba de rodillas a su lado. Eso le eriza la piel y le despierta el coño. 

Él lo sabe y le abofetea un par de veces. 

-Estamos desayunando, puta. 

Ella baja la cabeza y abre las piernas bien, recuperando la postura, pero a la vez nota como su coño chorrea aún más. 

Cuando Él termina ella lo recoge todo y al acabar lo escucha:

-Perrilla ven aquí... Ponte ahí, a cuatro patas. ¿Te has mojado en el desayuno?

-Un poco, Amo. 

-Espero que no, porque, si estás mojada, te voy a dar 20 varazos. 

Él la toca, sabiendo de antemano el resultado. 

-Cuenta, zorra. 

Veinte varazos, la vara no da descanso, sigue doliendo entre golpe y golpe, sigue doliendo un rato después. Cuando corta el viento estremece, pero es un dolor que la obliga a ser fuerte, que no pica, no la hace patalear ni dar saltitos, cuando recibe la vara, no se siente ridícula. Por eso le gusta la vara, por el poder que tiene, por el dolor que genera, porque siempre castiga. 

-Gracias Amo. - Se apresura a decir cuando cuenta los 20. 

-De nada putilla, si ya sabes que es por tu bien, para que no vayas por ahí encharcándote cuando no debes, ahora voy a mirar que no estés más mojada, porque entonces, vamos a tener que volver a empezar. 

Vuelve a empezar, alternándolo con la mano. Su mano sería el peor instrumento del mundo si no fuese parte de Su cuerpo. Duele más que mil palas de maderas, pero al ser parte de Él, el contacto se suaviza por amor. 

Después de los cuarenta varazos ella le agradece y lo besa. Sigue mojada y Él lo sabe. Le da el hitachi y le dice: 

- Quiero 25, no te muevas de la cama hasta lograrlos y que te de tiempo a preparar la comida. Sin ruidos y sin manchar nada. 

-Si Amo. 

Él desaparece en el baño, para ducharse y prepararse para el resto del día mientras ella le ofrece 25 orgasmos en el día del Señor. 

sábado, 24 de octubre de 2020

el Dolor

Algunos días ella se notaba así, irascible, en lucha constante consigo misma. Quería hacerse daño, castigarse, llorar. 

Esos días no era sumisa y eso tampoco ayudaba... No ser suficiente para su Amo era el principal motivo de autocastigo. Quería provocarse el vómito, hacerse sangre, aún sabiendo que eso no calmaría su odio, su ansiedad. Quería hacerse daño. Esos días eran los únicos que aún no había logrado gestionar con la psicóloga. Eran pocos, muy muy pocos, pero le hacían mucho daño.

En esos días Él trataba de que fuese ella quien pidiese ayuda, pero no lo hacía, no era sumisa, no era Erytheia, desaparecía todo lo que la hacía ser quien era... Menos los defectos, claro. 

Así que al final Él intervenía. La abrazaba y le pedía que dijese que le ocurría, le hacía un té y le pedía que hablase y no la dejaba moverse hasta que no lo hacía. Era entonces cuando ella le pedía el dolor. Solo desde el dolor podía llorar y romper con todo. Entonces Él le sujetaba las manos y sobre el colchón, la azotaba con el cinturón, porque era el dolor que antes la rompía. 

Ella se revolvía, gritaba, se enfurecía, apretaba los puños y pegaba al colchón con ellos hasta que al final lloraba, sacaba toda la rabia y el dolor que durante días había acumulado. Entonces el la soltaba y la abrazaba. Ella lloraba en sus brazos y el la besaba. 

Cuando ella recuperaba por fin la respiración acompasada, le daba las gracias y le besaba los párpados. Él llenaba la bañera y la llevaba hasta allí, ella lo desnudaba y se metían juntos en el calor y cuando ella frotaba la esponja por la espalda de su Amo, Él sentía que había vuelto de nuevo... 

martes, 20 de octubre de 2020

La fiesta.

Sábado nueve de la noche. Vestido negro, body de encaje, tacón negro y pelo suelto. El pelo es importante, da seguridad a la timidez, pero claro, teniendo en cuenta que iba de la mano de su Amo podría haber ido rapada y desnuda, luciendo todas sus inseguridades. Eso, obviamente, es de esas cosas que se le cuentan a las amigas sumisas pero no se le dicen al Amo, que dan ideas.

Llegaron a la fiesta, ella un pasito por detrás pero de la mano, los amigos acababan de llegar y les saludaron con cariño. Allí ella se sentía acogida, bien, en casa.

-Pídeme una cerveza y una Coca-Cola para ti, con plato.

Al girarse para pedir, el Amo le dio un azote cariñoso en el culo.

Limpió la lata de la cerveza y se la sirvió. Él echó la Coca-Cola en un plato y le indicó con un gesto que bebiese. Se arrodilló a beber, sintió como mientras bebía del plato, la cremallera de la bolsa de tela se abría. El Amo estaba sacando algún juguete mientras charlaba con varios amigos, como si ella no estuviese, pero prestándole toda su atención. Sintió la fusta tocar su culo acariciando, sabía que iba a poder seguir bebiendo y que no la azotaría, no aún, no sin verle la cara primero. Caían golpecitos, suaves pero no podían considerarse azotes.

-Levanta perra, vamos dentro. Y quítate el vestido ya que bastante rato llevas tapada.

Entraron a la mazmorra más grande y él le indicó la cruz. Sin atarla, solo manteniendo la posición (ESTA FRASE NO TIENE SENTIDO POR SÍ SOLA). Era más difícil así, en el potro podía dejar su peso caer, en la cruz tenía que mantenerse. Escuchó como cambiaba la fusta por el látigo. El lo craqueó tras ella antes de alcanzarla con él.

-Cuenta putilla.

Treinta, entre el culo y los muslos, bien repartidos. Pronto tendría marcas para dos semanas, era blanca y de marca fácil. Lloriqueó un poco, siempre lloraba y se sentía muy ridícula al hacerlo, más aún cuando al girarse y abrazarse a Él, vio que la sala estaba llena de espectadores.

La subió en brazos y la colocó en una camilla. Le dio un par de bofetones y sacó el maletín.
Coloco el dildo y lo conectó. La electro era uno de sus últimos aprendizajes y, como todo, el Amo había aprendido a hacerlo super bien.

Le colocó un dildo tripolar, enorme y le fue preguntando para asegurarse de que todo estaba bien.

-Ahora te vas a correr, pero como te escuche reírte empezamos otra vez en la cruz.

Las sensaciones eran incomparables a cualquier otra. Sentía como el dildo se expandía dentro de ella y a la vez botaba, moviéndose como una ola hacia dentro y hacia fuera, hacia arriba y hacia abajo. Se corrió 8 veces y se empezó a reír cuando el desconectó todo, por las endorfinas o por la felicidad de sentirse querida... Probablemente por las dos.

El Amo cerró la puerta y se quedaron solos, sin espectadores.

-Te estás riendo, sinvergüenza. ¿Qué van a pensar de mi?, que hago reír a mis sumisas, que me toman por el pito del sereno. Bofetones debía darte para que se te quiten las ganas de reírte.

Le dio dos bofetones pero no paró de reír.

-Anda, chupa a ver si así te callas, que pareces tonta.

Se la chupó, Él le apretó la cabeza contra su polla. Ella se ahogó con la polla aguantando las arcadas, hundiéndose aún más, como a Él le gustaba. Le lamió los huevos mientras le pajeaba. Le hizo una mamada muy larga, mientras ella se ahogaba con las lágrimas saltadas. Al final el Amo se corrió dentro de ella y se tumbó.

Desde que Él había vuelto, Erytheia había renacido, con su semen en la garganta y entre sus brazos se sentía en casa.

jueves, 12 de diciembre de 2019

Perdón

Estaba ansiosa por saber que le pasaría a Lara al día siguiente, algo me decía que escribiría esa carta... De repente, no solo me excitaba pensar en lo mucho que le gustaría a mi Amo jugar con ella o la idea de espiarla para Él, sino que también me excitaba la idea de poder llegar a tenerla a mi merced, que pagase cada uno de los desprecios que me había hecho todos esos años trabajando juntas. Cuando le conté al Amo estas sensaciones se rió a carcajadas. "Sabía que esto ocurriría. Quiero que lo hagas, que la tengas a tu merced, pero recuerda, solo para mí, jugarás con ella para mi disfrute."

A la mañana siguiente Lara vestía entera de negro... menudo luto, pensé... Adecuado para lo que le esperaba. Estaba segura de que había escrito la carta, su manera de actuar no había sido por in sumisión sino por novata, se notaba que en realidad estaba loca por el jefe, hay cosas que se ven en las miradas, incluso en las de las zorras sin corazón. 

Efectivamente, ese día pude escuchar como Lara leía la carta al jefe... la verdad es que la redacción no era lo suyo y, como me esperaba al escucharla, él no quedó convencida. Era mi momento, vi que al salir del despacho del jefe se iba hacia el baño, claramente afectada por las duras palabras que él le había dirigido y esperé un par de minutos para entrar y seguirla. 

-¿Estás bien?- Dije, de manera inocente. 
-Si, gracias. 
-Somos compañeras, me lo puedes contar eh, ya sabes, a veces entre mujeres nos entendemos y tu y yo tenemos muchas cosas en común, muchas más de las que imaginas. 
- Ah, ¿Sí? Anda, déjate de cotilleo y métete en tu vida mejor... Ah, no... que no tienes... será por eso que tratas de involucrarte en la mía. 
-Mira zorra, no me toques el coño, que vengo a ayudarte pero si quieres también puedo joderte viva. Sé perfectamente lo que te pasa, te vi el otro día con el jefe, te dejó el culo precioso, seguro que todavía tienes marcas, pero es lo que tiene la entrega, que si buscas beneficio antes que servir, sales escaldada. 

A Lara se le fue cambiando la cara con cada una de mis palabras y, en ese momento, sentí que yo medía metro y medio más que ella. 

-¿De que narices hablas?

-Yo también tengo un Amo, bastante más guapo que el jefe, por cierto y bastante más bueno. Él tuvo la idea de grabarte así que tengo en mi poder muchas conversaciones en las que se demuestra que eres la perra del jefe y que tu despacho propio, tu chalet y tu cochecito no son más que por chuparle la polla y dejar que te pete el culo. Ahora resulta que la has cagado... se te ha notado que eres novata en esto, pero yo tengo muchas tablas y, si quieres, puedo ayudarte a remediarlo... a cambio de algo, por supuesto. 

-Estas de coña... ¿Tú? Con la pinta de mojigata que tienes... Un Amo... ya, claro... seguro que también vais a fiestas y te exhibe... si seguro que no has echado un polvo en tu vida con la luz encendida... eso si es que no eres virgen... ¿Qué vas a haber grabado tú? Seguro que te habrías escandalizado si supieses solo una milésima de mi vida. 

-¿Colgarte del techo como una lámpara con velas? Lo hice hace 3 años. ¿Que me magreen hombres en un local mientras voy de la correa del Amo? Más de 10 veces... Tu amiga Lorena estaría encantada de conocer a mi Amo, viendo las ganas que tiene de jugar contigo y el jefe...  Tienes dos opciones, vienes, te dejas ayudar y asumes que vas a pagar por cada uno de los desprecios que me has hecho estos años... o pasas, pierdes al jefe y quien sabe si tu trabajo también. 

-Eres una zorra. 

-Ya lo sé cariño, ya lo sé... soy mucho más zorra de lo que tú puedas llegar a imaginar. Ya sabes, si quieres arreglar las cosas, ven a buscarme a la hora de la salida en el parking. 

...

A las cinco de la tarde, cuando bajé al parking, tal y como esperaba, Lara ya estaba allí. Le dije que me siguiese con su coche y fuimos a mi piso. 

-Bien, cuéntame tu historia por encima anda, pero no seas demasiado pesada, no me vayas a aburrir. 

Encendí una cámara y la hice sentarse frente a ella. 

-¿Pero por qué me grabas? 

-Porque a mi Amo esto le va a encantar. 

Mientras hablaba fui acercándome y acariciándola. Me quitó la mano. 

-Primera regla que tienes que aprender, NUNCA quites la mano, eres sumisa, estás para servir a tu Amo y ser usada, no para tu placer. Pensaba que tendrías menos que aprender. 

Me contó que habían empezado a verse hacía poco, que cada vez se habían gustado más y que él pronto le había hablado de sus sensaciones, que su mujer también era su sumisa pero que a ella la sometía y que ese ultimatum había venido precedido por numerosas llamadas de atención. 

-De acuerdo. Primero vas a pedirme perdón por cada uno de los desprecios que me has hecho estos años, obviamente esto es solo el principio, pagarás uno por uno. Pero, a cambio, recuperarás al jefe tal y como ansías y volverás renovada y mejorada. 

-Te pido disculpas, la verdad es que él me dijo que...

-¿Que haces? Pide perdón de rodillas y desnuda, sin justificarte. 

Lara se quedó paralizada, pero al final lo hizo. Se desnudó... la muy perra estaba buenísima... y verla arrodillarse para pedirme perdón me puso a cien.

-Muy bien, por ahora puedes vestirte. Te voy a explicar un par de cosas de mi historia para que veas donde han estado los fallos de tu carta. 


Después de esa tarde, tomando café, Lara no me pareció tan arpía y me di cuenta de que, tras esa apariencia de zorra sin corazón, había una chica con ganas de entregarse... Una vez que hubiese redimido cada uno de sus desplantes, podríamos llegar a ser buenas amigas. 

miércoles, 11 de diciembre de 2019

Micrófono.

Cuando llegué a casa el Amo me hizo contarle todo lo que había visto mientras, abierta de piernas frente a Él, me tocaba, no me permitió correrme hasta acabar el relato y después de eso, me dijo que tenía que seguir espiando a Lara, que debía poner un micrófono en su despacho. 

A la mañana siguiente, cuando vi a Lara desayunando en la cafetería con el jefe me sonreí, ahora yo conocía su secreto mientras que ellos no conocían el mío. Me apresuré a subir y coloqué el micrófono que me había dado el Amo, todas las grabaciones llegaban directamente a mi portátil y podía escuchar las que quisiese.  Después de eso salí y me fui a la zona común, me pedí un café y me puse a charlar con algunas compis. Lara pasó mientras charlábamos y nos lanzó una mirada de desprecio infinita. 

"Algunas son perras incluso cuando no van a cuatro patas". - dije inconscientemente. Ella aceleró el paso y vi como, mientras se cerraban las puertas del ascensor, me miraba con odio. Después me di cuenta de que quizás había sido un comentario bastante imprudente, que le había podido hacer intuir que yo sabía algo sobre ella pero, me sentía poderosa y fuerte conociendo su secreto. 

La mañana pasó así, cada vez que Lara entraba en el despacho del jefe yo sonreía, y cada vez que el jefe hacía el camino inverso también, una de las veces incluso le guiñé un ojo a Lara, como diciendo: "tía tranqui, que si vuelves sin pintalabios yo te aviso". 

Cuando llegó la tarde, en casa, me puse a escuchar las conversaciones que Lara había tenido ese día. Me di cuenta de que, a pesar de su altivez, apenas había vivido la mitad de las cosas que yo había experimentado con mi Amo. Hubo muchas conversaciones que no tenían absolutamente nada de interesante pero, hubo un par de ellas que me pusieron cardíaca, la primera fue una cuando entró el jefe.

- Vamos a ver puta, leeme lo que escribiste ayer.
-Sí, Jefe. "Un sabado cualquiera, fuimos a un local, allí todos le conocían, tenía muchos amigos. Cuando entramos me ordenó arrodillarme y me colocó una correa al cuello, me paseó así por el local, me dijo que fuese obediente y que me callase, que no quería escuchar ni siquiera mi respiración. Mientras paseábamos por el local todos los hombres allí me tocaban el culo, magreándolo, me di cuenta de que era la única mujer que estaba allí. De repente usted se paraba, me alzaba por el pelo y me colocaba con las piernas abiertas y las manos sobre la cabeza, como cuando me inspecciona. Me quitaba el vestido, rompiéndolo con unas tijeras y me dejaba allí en el centro, se pedía una copa y varios hombres se acercaban a manosearme y pellizcarme las tetas, me hacían daño pero usted no me había permitido hablar, gemir ni mucho menos quejarme. Después de un rato me ataba u me colgaba del techo, con una escalera me colocaba varias velas y me dejaba allí como lámpara del local. Yo le veía charlar con sus amigos de copas y pensé que se había olvidado de mi. Al final de la noche me bajaron y usted, atada como estaba, me colocó un abrigo por encima y me sacó hasta llevarme a su coche, me metió en el maletero y me llevó a casa, al llegar me azotó y me folló el culo, me desató y me dejó durmiendo en el suelo mientras se acostaba en mi cama."
- ¿Tú callada y dejándome bien delante de mis amigos? Si solo eres una puta quejica... mucho tienes que aprender para que yo pueda llevarte con personas decentes... ni como mobiliario me servirías.
-Tiene razón Jefe.
-Pues claro que la tengo.

Me di cuenta de que Lara fantaseaba con cosas que yo ya había vivido, ser cedida o prestada, manoseada por muchos hombres, inmovilizada, usada como mueble... todo eso lo había experimentado yo ya con mi Amo. Supe que, si me acercaba a ella, podría jugar con sus fantasías y con las debilidades del Jefe para mi beneficio y especialmente, para el beneficio del Amo... Tenía que pensar como iba a acercarme a ella.

La segunda conversación fue aún mejor, después de la comida el jefe entró enfadado en el despacho de Lara y al poco rato salió aun más enfadado, Lara se apresuró a seguirlo al despacho, cuando escuché la conversación me di cuenta a qué se debía.

"Ayer tuviste una conversación muy bonita con tu amiga Lorena ¿No? Así que entregas tu trabajo tarde para que te azote y correrte como una puta zorra. Muy bien. si ese es tu juego puedes irte, comprarte un vibrador y jugar sola. Ya te dije que esto no es un juego, que si quieres ser mía te lo tienes que tomar en serio. Esta noche quiero que me escribas una redacción sobre los motivos por los que quieres continuar, mañana me la dejarás a primera hora sobre la mesa, si veo que no me la entregas o tus motivos no me convencen se acabará todo aquí, volverás a ser una simple empleada. Ah y si quieres seguir siendo mía, nada de sexo, azotes y mucho menos orgasmos hasta nuevo aviso. Vete."

Se escuchó un portazo y me di cuenta de que, el día siguiente podía ser decisivo.