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martes, 3 de noviembre de 2020

Domingo al mediodia.

 Correrse 25 veces seguidas no siempre había sido fácil para ella... es más, durante mucho tiempo pensó que era imposible, pero ahora, raro era el día que no se corría al menos 7 u 8 a Él le gustaba mantenerla activa, que no perdiese la práctica y que se notase que hacía lo que quería con su propiedad. Incluso una vez había llegado a correrse simplemente porque Él se lo había dicho. 

Cuando Él le ordenaba que se corriese un número de veces determinadas y la dejaba sola, tenía un archivo de imágenes mentales a las que siempre recurría. Agarraba SU almohada para obtener su olor y con una mano acariciando su clítoris recordaba

Aquella mamada en la que Él la obligó a ahogarse con su polla mientras ella se corría. 

El día que la azotó con la vara y después la abrazó y su olor se quedó tanto tiempo en ella como las marcas en su piel. 

El primer día que se atrevió a darle un beso por iniciativa propia, sin que Él se lo pidiese. 

Aquel día que hizo que se corriese delante de todos sus amigos, varias veces seguidas. 

La conversación en la que ella descubrió que no había ahodando en sus propias fantasías. 


Muchas de aquellas escenas a las que ella recurría, se habían repetido más de una vez, pero en general había un detalle que las hacía especiales. Después solo tenía que darle la fuerza adecuada a sus dedos y encadenar orgasmos. Repetirse que ella solo tenía que obedecer a su dueño, que las propiedades solo obedecen y cumplen con lo que se les ordena... y, generalmente de cinco en cinco, conseguía correrse el número de veces que Él le hubiese ordenado. Algunas veces tan fuerte que tenía que morderse el brazo o los labios para no hacer ruido, como Él le había ordenado antes de irse. 

Llegar a los 25 era quedar exhausta, las piernas le temblaban, no sentía los dedos, le dolían las muñecas y no podía parar de sonreír. El apareció en el cuarto:


-¿Cómo vas?

-Ya terminé mi ofrenda, Amo. 

-¿25? ¿Sin gritos?

-Si, Amo. 

-Bien. Otros cinco. 

Ella sabía que eso iba a suceder. siempre sucedía. Esta vez no le hicieron falta imágenes mentales, la sonrisa de su Amo al decírselo le había bastado y Él seguía ahí. Se empezó a tocar con fuerza:

-Vamos puta, que te he dicho que te corras, obedece... qué obedezcas.- dijo, dándole un azote en el muslo. 

Ahí se corrió, las otras cinco veces, le tembló la cabeza y se dejó llevar. 

Cuando Él la vio correrse desapareció. Volvió con un vaso de agua. 

-¿Ya?

-Si Amo. 

-¿Los cinco?

-Si Amo, gracias Amo. 

Él se sentó en la cama y la besó en la frente. 

-Pues ve a lavarte que vamos a salir. 

Ella cerró un poco los ojos, aún estaba algo mareada. Se agarró al cabecero y se incorporó. 

-No no, espera a sentir las piernas, a ver si te vas a caer y encima vas a fastidiarnos el aperitivo. 

Se metió en la ducha con cierto temblor aún en las piernas. Soñaba con un vermú al sol. Al salir Él la llamó. Fue al dormitorio aún con la toalla puesta, no sabía que tenía que ponerse. Sobre la cama un vestido azul con la falda de vuelo y el cinturón de castidad, que la limitaba más por el hecho de no poder ir a mear que por la castidad en si misma, ella solo se corría con una orden de su Amo. 

Él la ayudó a colocárselo después de darle una oportunidad más para mear y tras eso se vistió, se maquilló un poco y salieron. Fueron a tapear algo con unos amigos y Él decidió que comerían en la calle en vez de volver a la casa. Ella controlaba, dentro de las posibilidades que su Amo le daba, la cantidad de bebida que tomaba, pero cada vez resultaba más dificil. Un vermú y una copa de vino con la comida, un vaso de agua que su Amo había pedido para ella con el café y el chupito que el dueño del local ofreció. 

Cuando llegaron a casa Él se sentó en el sofá. 

-Amo ¿Me permitiría quitarme el cinturón para poder ir a mear?

-¿Ya tienes ganas? 

-Si Amo, por favor. 

-Te dejo elegir: puedes quitártelo ya y cambiarlo por las pinzas japonesas o esperar a que a mi me apetezca que te lo quites y correr el riesgo de mearte mientras me la chupas. 

-Espero a que a usted le apetezca, Amo. - dijo ella, pensando en el terror que le daban las pinzas japonesas. 

-De acuerdo, trae las pinzas normales. 

Erytheia palideció, no contaba para nada con eso... 

-¿Qué te pasa en la cara?

-Es que no es justo, Amo... 

-Si querías justicia haberte metido a abogada y no a sumisa. Tira a por las pinzas. 

-Si, Amo. 

Con las pinzas en los pezones, que su Amo le había colocado sin masajearlos antes porque ella era una bocazas, se la chupó durante mucho rato, al menos 40 minutos sin parar, con las babas por toda la cara y tirones en los pezones que Él le daba a cada rato. Tardó muchísimo en correrse y tuvo una corrida super abundante que a Ery le supo a merienda y gloria bendita. El semen, cuando gusta, gusta mucho. 

-Venga, trae las llaves, que te voy a dejar mear antes de que me manches algo

Y así empezó la tarde del domingo. 

lunes, 25 de abril de 2016

El matiz que diferencia un lunes

Los lunes son lo peor del mundo, excepto si los cierro entre sus brazos.

Las horas extras no están pagadas, ni cuando las remuneran.

Y arrastrar los pies es decadente, pero a veces no puedes permitirte nada más, porque la cabeza y los hombros pesan demasiado.

Hoy fue un día de esos, aunque ya lo siento tan lejos que no sabría exponer los motivos. Cuando llegué me sobraban los tacones y el sujetador. Necesitaba la calma de la bañera y una cama grande y mullida.

Me sorprendió ver que Él estaba allí... normalmente entre semana no venía a casa... Había pedido pizza (lo que casi me sorprendió más) y me arrancó la ropa a bocados camino de la habitación.

Era primitivo, salvaje.  Me arrodillé y me folló la boca, antes de correrse me agarró con fuerza y me tumbó en la cama. Me embistió con dureza, mientras agarraba mi pelo y me mordía.

Mi guarra

Mi zorra

Mi puta

Entró en mi culo, sin lubricante y sin avisar... soy Suya... y fue variando, haciendo que viese el orgasmo lejos, sintiéndolo vibrar en mi interior...

Se corrió en mi boca, que su semen nunca se desperdicie, mejor que baje por mi garganta, me alimente de Él y me haga pegar el estirón a través de sus entrañas.

Me ató a la cama, yo aún no me había corrido y creo que quería que lo hiciese.

En mi culo puso un plug, uno grande que compramos una vez juntos y a mi pierna ató el hitachi.

Me dejó allí, después de morderme los pechos con fuerza y amordazarme la boca.

Escuchaba la televisión... de vez en cuando se levantaba, con un trozo de pizza en la mano, me miraba, se reía y volvía a desaparecer.

Pasé allí al menos una hora, aguantando el correrme, nadie me había dado permiso para ello.

Al final apareció y me desató. Sin lavarme con el plug en el culo y las ganas entre las piernas, lo seguí al salón. Allí, en mi cuenco de perrita, pizza troceada me esperaba para cenar.

Me indicó que comiese.

Cuando acabé me subió al sofá, de espaldas a Él y mientras me masturbaba y entró en mi culo, me permitió correrme.


miércoles, 13 de abril de 2016

Rodillas.

Los domingos son para quedarse en la cama. Había dicho ella al despertarse... pero se giró a buscarlo y Él no estaba a su lado. Incluso los domingos sale a correr...
Hubiese querido abrazarlo al abrir los ojos, pero también le gustaba su constancia, su disciplina... Él tenía toda la  que a ella le faltaba.

Si pesó un minuto las opciones... ¿Seuir durmiendo o hacerle el desayuno?

Lo segundo lo pondría más contento. Cortó fruta e hizo zumo de naranja, preparó tostadas y puso la cafetera para cuando Él llegase... aprovechó para hacer la cama, se duchó y dejó el cuarto de baño listo para cuando entrase Él. La toalla en el calentador, temperatura media en el baño, música y un ambientador olor a cítricos que a Él le encantaba. Cuando lo escuchó llegar abrió el grifo, para que el agua calentita ambientase la habitación. Él entró la cogió midiendo el agua, apoyada en la ducha, con el culo en pompa.

Se agachó y le besó las nalgas, cubiertas con un tanga rosa palo con bordes de encaje.

-Buenos días putita dormilona.
-Buenos días Amo. He preparado su ducha.
-Así me gusta.

Ella empezó a descalzarlo, a desvestirlo.

Esperó a que se duchase, era divertido oírlo canturrear.  Cuando acabó le ayudó a secarse.
-Anda, te has ganado tu ración de leche mañanera.
Erytheia mamó con ansia, como si tragase el néctar de la vida.
Se la dejó limpia y Él se puso unos bóxer blancos.

Un azote en el culo.
-Ve a poner la cafetera anda.

Erytheia caminaba a saltos, feliz y cachonda. ¿La dejaría correrse hoy?

Llegó con el pelo aún mojado, despeinado y la barba húmeda. ¿Por qué era tan guapo? Que así no se puede una concentrar...
Se sentó y ella le sirvió zumo y café.  Le puso la fruta en un bol y huntó  las tostadas con mantequilla, como a Él le gustaba.   Esperó su orden.

-Ven aquí anda. -señalaba sus rodillas

Erytheia se sentó sobre Él y mordió la fresa que Él le ofrecía.

-¿Está rica?
-Sí Amo. Muy fresquita.
-Bebe zumo.

Ella obedecía, desayunó zumo, fruta y tostadas, pero no  probó el café... Él no se lo dijo.

Cuando acabaron Ella comenzó a recoger la cocina.

Él desapareció y cuando estaba acabando la llamó.

-Erytheia ven aquí.
Sonó serio y eso la asustó un poco.

-¿Sí Amo?
-Tenemos un tema pendiente ¿no?

Erytheia se arrodilló ante Él, sabía que tenía un castigo pendiente... hacía dos noches, se había pasado de graciosa estando con los amigos de Él y ella sabía perfectamente como no debía comportarse.
-Vamos a recordar una cosa. ¿Tu quien eres?
-Su perra Amo.
-Bien, eso pensaba.

Le colocó un collar y ancló una cadena a la pared.

-8 metros, llegas a la cocina, al baño y a la terraza... no te quiero ver de pie, no te quiero ver moviéndote. Te puedes colocar en tu esquina.

Erytheia se colocó con la mirada baja, arrodillada en el rincón al que estaba anclada la cadena. Él se sentó a leer un libro.

De vez en cuando la miraba, no se movía, pero sentía su respiración... de vez en cuando un suspiro se le escapaba silencioso, como si sobrase aire en su cuerpo.

Llegó la hora de almorzar y Él se levantó  para preparar algo. A Erytheia le llegó el olor del sofrito y sintió rugir su estómago. Tenía hambre. Pero pasó la hora de comer y Él volvió con su café.

Se quedó incluso dormido un rato... mientras Erytheia sentía el peso de su cuerpo en las rodillas.  Pero claro,  Él no estaba castigado, Él no tenía pq soportar su castigo, ella era su propiedad.  De vez en cuando en su cabeza resonaba esa frase que Mérida, Silvia  y ella se repetían de broma como un mantra. "Te jodes, por puta"

A las seis de la tarde Él se despertó y se acercó a ella.

-¿Tienes hambre? 
-Un poco Amo.
Él volvió con un cuenco con fruta y cereales. Lo colocó en el suelo, entre sus piernas, mientras se sentaba en el sofá.

-Ven perrita, come.

Erytheia se dividió entre la vergüenza de comer a cuatro patas y el agradecimiento de cambiar de postura, de poder desentumecer su cuerpo.

Mientras ella comía Él se levantó y se colocó tras ella.  La folló con fuerza.

-Ni se te ocurra correrte.

Él se corrió en el suelo y le obligó a  limpiarlo. A Erytheia le encantaba beberse el sémen de su Amo, pero no le gustaba nada lamerlo del suelo y Andrés lo sabía.

Cuando acabó Él desenganchó el collar y la cogió en brazos. 

-Repíteme quien eres.
-Su perra Amo.
-Y ¿cual es tu sitio?
-A sus pies Amo.
-Buena chica. Vamos a bañarte pequeña.

martes, 6 de octubre de 2015

Invitados en casa

Llevo toda la mañana cocinando y limpiando, vienen los amigos de mi Amo con sus sumisas... tres para tres... Entremeses diversos, crema de verduras solomillo con patatas a lo pobre y tarta de queso. Mi Amo me ha dicho que cocine de sobra, pero no sé cual será nuestro papel.

Llega pronto, ya está casi todo listo y me pide que me vista con ropa que ha dejado sobre la cama. Un body negro con encaje que sube desde los laterales hasta casi mis pezones. Una falda de tablas negras que se suelta con dos corchetes. medias negras y tacones negros altos. El pelo recogido en una cola alta y mi collar... el que solo me ponía en momentos muy concretos.

-Nena, ya sabes... eres mi reflejo... pon los entremeses en la mesa y ponme una copa de manzanilla mientras esperamos.
-Señor... ¿Cuantos platos pongo?
-De momento pon tres y deja otros tres preparados.

Se acercó y me besó la frente.

-¿Nerviosa?
-Un poco Amo, nunca han venido a casa...
-Tranquila perrita, yo confío en tí. ¿Tú confías en mí?
-Más que en mi misma Amo.
-Pues venga, ve a hacer lo que te he dicho. - me besó en los labios y con un azote suave me encaminé hacia la cocina.

Cuando acabé me coloqué a sus pies, mientras que Él terminaba con tranquilidad su copa,

Llamaron al timbre y me indicó que fuese a abrir.

Los amigos de mi Amo venían vestidos con camisa y vaqueros, de forma informal; las sumisas, cuando se quitaron los abrigos también llevaban conjuntos parecidos a los míos.

Fui a servirles a ellos sus copas, junto con algunos frutos secos y aceitunas.  Las sumisas se encontraban a los pies de sus Amos y cuando les serví el mío me indicó que me colocase junto a Él.  Charlaban sin dedicarnos demasiada atención. Nosotras escuchábamos sabiendo que no debíamos intervenir... En otras ocasiones había sido más informal, pero hoy estaban serios. Era importante saber estar en esa situación.

-Nena, termínate esto y rellénamelo.
-Sí Amo. ¿Quieren los Señores otra copa?
- Mejor perrita trae la botella.
-Si Amo.

A gatas llegué hasta la cocina. Cogí la botella y volví caminando. Mi Amo había sido claro en eso, podía levantarme cuando llevase algo en la bandeja... No quería estropicios ni dolores inútiles.

Serví a los invitados, vacié la copa de mi Amo bebiéndomela, tal y como Él me había dicho y le serví. Me arrodillé dejando la botella sobre la mesita a mi lado. A mi Amo no le gusta eso de que mantenga la botella entre las manos para servir; el vino se calienta.

Estaban charlando cuando mi Amo dijo:

-Vamos a comer.

Se levantaron y fueron a sentarse. Nosotras gateamos hasta la cocina.

Mérida cogió el albariño y fue a servirles las copas. Yo terminé de calentar el plato principal con ayuda de Silvia.
Fuimos sirviendo cada una al lado de su respectivo Amo. Comieron tranquilos, nos tocaban a cada rato, yo me quedé sin falda al poco rato. A Mérida su Amo le había abierto el body por abajo y lo había sujetado de manera que tenía el coño completamente accesible y Silvia tenía los pechos fuera.

Cuando servimos los postres mi Amo me quitó el body dejándome con las medias y los tazones. Me indicó que entrase bajo la mesa y comencé a chupársela.

Mérida y Silvia estaban igual que yo. A un gesto de nuestros Amos cambiamos hacia la derecha y así fuimos girando cada cierto rato hasta que se corrieron en nuestros pechos.

Nos limpiamos entre nosotras, siendo muy cariñosas, como ellos nos exigían. Después los Amos se sentaron en el salón con una copa cada uno. Primero se levantó  Mérida. Se colocó en el centro del salón con  las piernas y brazos abiertos.  Su Amo, con tranquilidad se acercó a ella. Con cuerda fue atando su cuerpo, los pechos, la vagina. Los brazos sobre la cabeza, La tumbó sobre la mesa y flexionó sus piernas, dejándolas muy abiertas.

-Toda vuestra caballeros.- dijo.

Mi Amo fue el primero en levantarse. Recorrió con un dedo su vientre y lamio sus pechos. Los endureció. El Amo de Silvia se levantó y pinzó los pezones de Mérida.

Mi Amo se colocó y comenzó a follarla.

-Silvia, cómele los huevos

Silvia se colocó tras mi Amo y comenzó a comerle los huevos, ensalivándolos bien, llegando hasta el culo.

El Amo de Silvia se tumbó desnudo sobre el sofá.

-Perra, móntame. - me indicó.

Me coloqué sobre Él y comencé a penetrarme con fuerza, moviéndome en círculos... yo sabía que a él le gustaba con cierta violencia...

Pronto sentí como el Amo de Mérida comenzaba a dilatar mi culo con un par de dedos. No tardó en penetrarme. Me sentí completamente llena.

Solo nos podíamos correr con permiso de nuestro Amo. Silvia se tocaba a indicación del suyo, que por la cercanía de nuestros cuerpos la acariciaba con fuerza.

Mérida fue la primera en pedir permiso, depués lo pedí yo y Silvia no tardó mucho en hacerlo. A las tres nos contestaron lo mismo. "cuando se corran los señores que te están usando perra."

Mérida y Silvia explotaron a la vez, cuando mi Amo se corrió dentro de Mérida. Silvia se encargó de dejársela limpia. Para mí no fue tan sencillo, tuve que esperar a que ambos se corrieran... y pensaba que no aguantaría, pero lo logré. Limpié la primera polla que me pusieron en la boca; Mérida limpió la del Señor de Silvia.

Estábamos rendidos. Nos colocamos de rodillas ante nuestros Amos, pero ellos tuvieron el mismo gesto, nos abrazaron meciéndonos sobre ellos.

Así estuvimos el resto de la tarde, charlando...se fueron después de tomar café.

-Muy bien nena, lo has hecho muy bien.


sábado, 5 de septiembre de 2015

Destino sorpresa III

Cuando desperté tenía pegada una nota al pezón derecho.

"Salgo a correr, desayunamos juntos, zumito de naranja y café preciosa, lo demás a tu elección.

Te quiero perrita.

Pd. Prohibidos teléfonos y ordenadores durante el finde."

Cuando salí del baño me puse a preparar el desayuno. Exprimir naranjas, poner la cafetera, cortar fruta, tostar pan, preparar magdalenas de chocolate etc.

Mi Amo llegó cuando todo estaba casi listo. Me besó y mientras yo ponía la mesa se dió una ducha rápida.

Él desayunó y yo bajo su mesa me alimentaba. Cuando se derramó dentro de mí me fue dando poco a poco trozos de tostadas.

Cuando ambos acabamos me indicó de un azote que me pusiese algo para ir a la playa, a pasear.

Si ya me supuso una sorpresa el que quisiese ir a la playa, fue aún mejor cuando ví que no había partes de arriba de mis bikinis en la maleta. Topless obligatorio.

Me puse la braguita del bikini y un vestido corto, coleta alta y gafas de sol.

-¿Estás zorrita?
-Si Amo.
-¿seguro?
-Un poco libre, pero bien.

Se rió y me agarró fuerte la mano. Paseamos por la playa, yo con mis pechos al aire, Él con una mano que iba de mi culo a mis pezones a cada rato. La playa estaba como a Él le gusta, desierta.

Nos bañamos una vez, estaba muy fria, pero ambos estábamos excitados y Él decidió calmar su excitación. Se corrió dentro de mí, en el agua, abrazados. A mí solo me acrecentó la excitación, por más que lo roguè no obtuve permiso.

Fuimos a comer a un sitio de pescado, cangrejos de concha blanda fritos con mahonesa de wasabi y soja; Gyoza japos de verduras, gambas y ternera; ensalada de queso de cabra, ceviche de atún, niguiris de  pez mantequilla y trufa... todo exquisito, todo perfecto y bajo la mesa, entre los platos y el postre, mi Amo me concedió un orgasmo tan inesperado como ansiado; acabando con un mordisco en el cuello y un " tú te corres cuando a mí me da la gana, que para algo eres mía, pequeña."

La hora de la siesta fue agitada, un espejo en el techo, un cabecero de forja y de mi maleta salieron velas y cuerda. La cera olía a vainilla, menuda paradoja... me azotó los pechos y así fue quitando la cera. Me folló mientras yo nos miraba en el techo.
-No cierres los ojos eh perra.
No perdí detalle. Se corrió, me corrí y cuando salía de mí volví a correrme. Limpié su polla despacito, ya sin ataduras; y Él aprovechó para quedarse dormido. Cuando acabé sentí como su brazo me rodeaba y me pegaba a Él. Era dominante incluso dormido. Despertamos a las siete.

La puesta de sol la vimos dentro de la piscina, abrazados. Ducha conjunta con mamada incluida y cena en un restaurante árabe... sillones bajos y yo sin bragas. A veces, cuando me quejaba de esas situaciones el me decía.
-¿Tú a quien perteneces? ... Pues entonces si yo quiero que enseñes, enseñas nena.
El camarero no daba pie con bola y mi Amo se reía con disimulo mientras me tocaba.
Comimos bien y nos lo pasamos mejor...

La noche fue como la siesta, pero más larga, más dura, más intensa... en vez de dos... cuatro...  y que bonito es incluso dormido.

viernes, 14 de agosto de 2015

Sabado casero.

Me llamó ese día para ir a su casa por la mañana. Un vestido azul turquesa y sandalias planas, Él me habia dicho que vistiese sencilla y sin ropa interior. Una trenza de pelo y maquillaje como a Él le gustaba. Se la chupé en la puerta y después salimos a la terraza. Su terraza era perfecta, no nos podía ver nadie.  Una copa de vino blanco, un libro y su perrita a sus pies. Yo lamía y besaba  juguetona mientras Él leía en voz alta una novela que estabamos leyendo juntos. Estuvimos así casi una hora. Hasta que llegado el momento me indicó que pasase de sus pies a su polla. Ahí si tomó el control y me folló la boca. Se corrió en mi cara. Lo recogimos todo y se puso a cocinar. Dorada al horno con patatas a lo pobre. De primero, ensalada de brócoli y de postre brochetitas de frutas. Cuando acabamos me guió hasta su habitación, Él no perdonaba la siesta casi nunca, porque en general dormía mal de noche. Me tumbó bocarriba  y me folló, dándome permiso para correrme todas las veces que pudiera. Después se quedó dormido sobre mí. Le olía el pelo a menta.

martes, 28 de abril de 2015

Día de calor

Hace calor, mucho calor. Salgo del trabajo y mi Amo espera en la puerta, lleva camisa de manga corta blanca y vaqueros. Yo llevo un vestido ligero, medias transparentes, tanguita blanco sujetador a juego y botas bajas. 

Me abraza y me besa, subo al coche y me abrocha el cinturón. Vamos fuera de la ciudad y por la salida que toma parece que nos dirigimos a su chalet, me encanta la idea porque hace mucho calor y me apetece nadar. 

Cuando llegamos dejo el vestido en el asiento ante un gesto suyo.  Entramos en casa y me desnudo del todo. 

-Voy a hacer la comida, vete a nadar. 

Lo beso y desaparezco, me encanta que siempre esté pendiente de lo que más me apetece, aunque yo no lo verbalice. Nado un rato, completamente desnuda, me encanta sentir el agua en mi piel. 

-Perrita, a comer.- escucho que dice desde la ventana. Me seco y entro en casa. Hay un plato sobre la mesa. Me indica que me siente y me ata los tobillos a la silla. - Come, mi niña. 

-¿Y usted?
-Obedece, perra. 

Comienzo a comer y noto como lame mi espalda, me estremezco y giro mi cabeza para mirarlo.
-Come, Erytheia. 

Al segundo bocado un beso en mi cuello, me hace cosquillas y me pellizca un pezón. Bebo agua, sonrojada. Lo veo arrodillarse bajo la mesa y paro; no es algo que vea mucho. 
-Sigue comiendo nena, a pesar de la posición, sigues siendo la perra, obedece.

Separa los pliegues de mi coño y lo lame entero. Casi me atraganto, sigo comiendo pero es dificil con Él entre mis piernas. Dejé de comer y en ese momento me miró y me dijo:

-Si dejas el plato entero son 20 azotes, si dejas la mitad son 10... y así seguimos hasta que vea el plato vacío, tu verás lo que haces. 

Volví a comer, pero cuando quedaban dos bocados me corrí sin poder evitarlo, no tenía permiso y además no había acabado mi comida. 

Me desató las piernas y me mandó arrodillarme. Se fue a la cocina con mi plato y trajo otro igual. 

-Ahora como yo, después veremos tu castigo, de momento, aquí tienes el postre.- me dijo sacándose la polla. 
Chupé mientras comía, al contrario que yo, Él si acabó su plato para después, correrse en el suelo. 

-Limpia. 

Lamí el suelo de su semen. Lo miré cuando acabé y con un gesto me indicó el brazo del sofá. A pesar de haberme corrido, estaba muy excitada de nuevo. 

-¿Cuantos son por haberte corrido sin permiso perrita?
-Diez, Amo.
-¿Y dos bocados?
-Dos, Amo.
-Pues cuenta, nena. 

Y claro, conté cada uno hasta el final. Esas manos son demasiado grandes y demasiado fuertes, de verdad. Me picaba el culo y cuando me mandó ponerme de pie mis manos, inconscientemente fueron a mis nalgas. 

-Ni se te ocurra Erytheia, ya lo sabes.  
-Sí, Amo. 

Desapareció y volvió con un bote en la mano. Se sentó en el sofá y me indicó que me echase sobre sus rodillas.  Despacito esparció crema sobre mis nalgas, lo que me calmó un poco. 

-Bien nena, ahora vete a la cama y espérame con las piernas bien abiertas. 

Corrí hasta la cama y me preparé. Cuando llegó, después de haberlo escuchado trastear en la cocina, posó un cubito de hielo sobre mi pezón, recorriendo con él todo mi cuerpo hasta llegar al monte de venus... Los labios vaginales húmedos y calientes acabaron de derretirlo. Cuando el hielo era agua y yo toda fuego, me penetró profundamente, despacio, haciéndome sentir cada recoveco de su cuerpo. El vaivén comenzó a un ritmo candencioso, después aceleró de forma progresiva, excitándonos cada vez más, al mismo ritmo, a la vez. No se me olvidó y cuando sentí que explotaba le dije:

-Por favor, Amo, permítame entregarle mi orgasmo. 
-Vamos, zorra, córrete conmigo, córrete para mí.