martes, 21 de abril de 2015

Confesiones de una noche inquieta.

Buenos dias mi Señor. Hoy tengo ganas de verle.  Esta noché, en mis sueños, estuvo usted en mi cama.   He dormido algo inquieta, espero no haberle molestado mucho. Me gustaría decirle que fui una buena perrita, pero yo no miento nunca. Estando usted tan bello y tan dormido a mi vera, no pude evitar que la madrugada me pillase contemplando su cuerpo. Un dedo bajó por su vientre, rodeó su ombligo y llegó a su polla. Con suavidad jugué con ella.  Muy sigilosamente, para no despertarlo, me agaché hasta lamerla en toda su longitud, también lamí sus huevos... lo acaricié y lo besé en toda su extensión.
Mentiría si dijese que no fue un sueño, pero yo nunca miento.
Mentiría si dijese que no me mojé, que no disfruté, pero yo nunca miento.
Un dedo agarró mi pezón, como si fuesen sus manos, me vi acariciando con fuerza mis pechos. Bajé léntamente por mi vientre y llegué a mi coño, ya húmedo. Lo froté con ahinco,  jugué con mi querido botoncito, metí dos dedos, luego tres; y mientras usted, en mis sueños, ocupaba el otro lado de la cama.  Con fuerza, con violencia, utilicé mis dedos ansiando su polla. Pellizqué mis pechos. Jugué con ellos, como usted lo haría.

Y debo decirle, Señor, porque yo jamás le mentiría, que fui una mala perrita; pero en mi defensa diré, que ese orgasmo no avisó de la explosión.

2 comentarios:

  1. Intenso sueño y más intensa confesión a tu Señor...
    La noche nos trae nuestros anhelos y los cuela a través de la mente... para poder disfrutar de ellos...
    Muchos besinos preciosa!!

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    1. Me encantan tus comentarios y tu forma de expresarte. Me dejas muda.

      Mil gracias por tus visitas.

      Y muuuchos besos

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