miércoles, 6 de mayo de 2015
Billar
sábado, 18 de abril de 2015
Sabado de primavera.
-Buenos días Amo.
-¿Donde andas preciosa?
-Voy conduciendo mi Señor, he ido al súper.
-¿Me echas de menos pequeña?
-Mucho, Amo.
- Pero, tenías muchas ganas de estar con la familia.
-Así es Señor... aunque yo siempre lo echo de menos.
-¿Que comes hoy?
-Es sábado, Amo, mi madre hace arroz, lo sabe bien.
-Pregúntale si hay sitio para uno más.
-¿Usted? Pero... ¿No tenía problemas de trabajo?
-Yo también te echo de menos perrita.
-Le pregunto en cuanto llegue. Gracias Amo.
-Estoy deseando estar a tu lado, mi niña.
Mi madre, por supuesto, no puso ninguna pega a que mi Amo viniese, le encantaba mi "novio" incluso había llegado a ponerme colorada al decirle a Él que a ver cuando nos casábamos y le dábamos nietos.
Cuando tocó el timbre salí a sus brazos.
-Hola nenita,
-Hola, mi Amo.r
Mi madre lo acaparó durante toda la comida y en los postres, mi padre cogió el relevo. Al final, me alegré de que fuesen a echarse la siesta.
Mi Amo me sugirió salir a dar un paseo, primero, debí quitarme la ropa interior. Llevaba puesto el dildo anal y el huevo. En su mano derecha, guardaba el mando que de vez en cuando me daba descargas de placer. Llegamos a la playa y antes compró un helado. En un rincón escondido, sacó mis pechos del vestido, y sin miramientos, volcó el helado desde mi cuello hasta el final de mi escote. Comenzó a lamer, prohibiéndome moverme o hacer ruido alguno. Me mordió los pezones, me lamió entera, me comió. Era muy difícil controlar la excitación que provocaba en mi cuerpo, mantener la respiración tranquila, no moverme, no gemir...
-Ahora te toca a ti chupar, ya sabes, ni un ruido.
Chupé arrodillada, pero pronto agarró mi pelo y marcando el ritmo me folló la boca. Él parecía tener más control sobre su cuerpo, noté como su respiración se agitaba, pero no escuché ni un ruido.
Al final me levantó y girándome me preguntó:
-Dime, perra ¿Cual de tus agujeros prefieres que use?
-Son suyos, mi Amo, Ambos están para servirle, listos y ansiosos de ser follados.
Embistió en mi coño, sin dilación, se me escapó un gemido e inmediatamente un azote impactó en mi nalga derecha.
-Silencio, perra desobediente.
-Perdon, Amo. - dije en un susurro.
-Después veremos tu castigo.
Siguió embistiendo, mientras con un par de dedos, jugaba dentro de mi ano.
-Por favor, Amo, use el culo de esta perra.
-Esto no te libra del castigo, perrita. - dijo mientras me embestía por mi otro agujero.
-No, lo esperaba, Amo, gracias Amo.
-Ahora calla.
Se corrió en mi culo y dejó de estimular mi clítoris, yo estaba muy caliente.
-Por favor Amo.
-Si eres buena, quizás después.
Se vistió y recogió todo, tiró de mí y comenzó a caminar hacia fuera de la playa. Antes de salir de nuestro escondite guardó mis pechos. Seguían fuera y yo no quería ganarme otro castigo por hacer algo que no me había mandado.
Iba caliente, muy caliente, los muslos húmedos y el culo pringoso. Rozaba mi cuerpo contra Él tratando de disimular. Caminamos un rato y encontramos su coche.
-Mira, que suerte, dejé hoy el coche aquí aparcado, entra. - me dijo mientras lo abría y a mí empezó a picarme el culo, solo de pensar lo que vendría.
Entramos en los asientos traseros. Él se sentó y me sentó sobre su regazo.
-¿Qué ha pasado en la playa Erytheia?
-Que lo he desobedecido, Amo.
-¿Y eso lo hace una perrita buena?
-No, Amo, he sido una perrita mala. - este regaño, como si fuese una niña, a Él le excitaba muchísimo, tanto que ya volvía a notar su polla dura debajo de mí; a mí me daba muchísima vergüenza aquella humillación, pero también me mojaba mucho.
-¿Y qué vamos a hacer?
-Me va a poner el culito rojo, para que sea una perrita buena.
-Exacto, además ¿Qué has hecho por el camino?
-No sé, Amo. - Dije, aunque sabía por donde iba.
-Has sido una putita descarada, Erytheia.
-Sí, Amo.
-Túmbate sobre mis rodillas, nena. Van a ser 15 por desobedecer, nos podrían haber pillado con ese grito que has dado.
-Si, Amo. - dije yo, ya colocada.
-Además, vas a recibir 10 más en ese coñito tuyo, para que no seas descarada.
-Sí, Amo.
-Y, por supuesto, te quiero en completo silencio, a ver si ahora sabes que significa eso.
Me quitó la manoletina y con ella descargó quince azotes en mi culo, fuertes y rápidos. A mí, por supuesto, no se me ocurrió ni suspirar.
Después me dió la vuelta y con la mano, me dio diez en el coño, más suaves pero también dolorosos. El último vino acompañado de dos dedos que entraban en mi coño húmedo. Comenzó a masturbarme despacio, para después aumentar el ritmo. Mi cabeza colgaba del sillón.
-¿Vas a ser buena perrita?
-Sí.... sí Amo...
-Bien. ¿Quieres correrte?
-Por... por favor Amo, sí.
-Venga, córrete. - dijo aumentando el ritmo. Yo tan excitada como estaba tardé poco.
Me corrí.... en silencio.
lunes, 16 de marzo de 2015
Fin de semana en el campo. III (fin)
-De rodillas perrita.
Llenó mi boca de agua helada y me metió su polla en la boca. Le gustaba que se la chupase así, con el agua fría. Se la mamé lentamente, bebiendo agua cada vez que notaba que se calentaba en mi boca. Me dejó seguir a mi ritmo, era de las pocos momentos en los que yo tomaba el control, hasta que se corrió. Me tumbó sobre la cama y abrió mis piernas, dejando mis rodillas levantadas. Besó mis muslos y los lamió, sorbió de mi interior, jugó con su lengua (bendita lengua) succionó mi clítoris y me mordió. A mi Amo le encanta comerme y se nota su maestría (sus palabras exactas son que Él disfruta al completo de lo que le pertenece... y que tengo muy buen sabor.) Me dejó correrme, pero siguió hasta que consiguió enlazarlo con un segundo orgasmo. Fue entonces cuando me metió el huevo con control remoto, me giró y me puso también el dildo anal. Me dio un azote seco en el culo y me dijo: Ve al baño, arréglate, vestido violeta tacones marrones, cola alta y maquillaje claro, hemos quedado con Carlos y Silvia para comer. Carlos es uno de los mejores amigos de mi Amo, trabajan juntos. Silvia, su sumisa, se ha convertido en una de mis mejores amigas, compartimos todo, ella tiene más experiencia que yo y sabe dar buenos consejos. Fue mi Amo el que me la presentó, para Él es importante que yo tenga una amiga sumisa con quien hablar. En mi opinión es uno de sus mayores aciertos, yo nunca lo habría pensado.
Cuando estoy vestida y salgo del baño las maletas no están. Noto una vibración fuerte en mi coño y doy un pequeño respingo. Voy a buscar a mi Amo, es un aviso claro para que me de prisa. Lo encuentro en el coche, con las maletas dentro del maletero y apoyado mirando el reloj.
-Vamos tarde perrita.
-Perdón Amo.
Me muerde la boca y me besa. Entro en el coche y Él me cierra, me ajusta el cinturón y da la vuelta para sentarse Él. Adivino a donde vamos por el camino que coge, es un restaurante que me encanta, de pescado, a pie de playa.
-Agua, pescado a la plancha, quiero que tomes también algo de verdura. Te sientas a mi lado, frente a Carlos, no hace falta decirte como debes sentarte. Siempre que haya un plato en la mesa quiero que estés en silencio, a excepción de que Carlos o yo mismo te hagamos una pregunta directamente. Cuando todo esté retirado puedes hablar con Silvia. Si quieres ir al baño o necesitas pedirme algo agarra mi rodilla bajo la mesa y yo decidiré si te doy permiso para hablar. Es una comida de trabajo y necesitamos concentración. En los postres puedes hablar lo que quiera. Os indicaremos cuando podéis abandonar la mesa, sé que querrás pasear por la playa. ¿Alguna duda perrita?
-No Amo.
-¿Quieres poner música?
-Si, por favor, Amo.
-Toda tuya.
Puse la radio, cuando el ritmo de la canción era lento activaba la vibración, en el estribillo subía una velocidad. Si la canción se acababa o no le gustaba lo apagaba, si el ritmo era rápido, sucedía igual, pero con más fuerza. No me permitió correrme hasta que no estuvimos casi en la puerta del restaurante. El aparcacoches se extrañó de mi respiración agitada y mi Amo apenas podía aguantar la risa. Cuando llegamos Carlos y Silvia estaban ya sentados. Amos se levantaron. Silvia me dio dos besos, comprobé que no había platos sobre la mesa. Carlos me besó la mejilla.
-Estás guapa, Erytheia.
-Gracias Señor.
Nos sentamos y nos dieron las cartas. Dudé durante un rato, no sabía que pescado elegir, todos llevaban patatas y yo quería tomar verduras. Mi Amo, viendo mi confusión me señaló la dorada al horno, acompañada por pisto ¿Vale pisto? ¡Claro, ha dicho verduras, no ha dicho como! pensé, yo había buscado verduras a la parrilla. Carlos pidió la bebida para todos y un plato de gambas a la plancha como entrante. Estuvimos charlando hasta que el camarero apareció con el plato. En ese momento Silvia bajó la mirada y calló, yo hice lo mismo.
Mi amo me sirvió un par de gambas y se lo dejó a Carlos que sirvió a su sumisa, después se sirvieron ellos mismos, cuando los vimos empezar a comer lo hicimos nosotras. Ellos hablaban de trabajo, yo me concetraba en mirar a Silvia de reojo, tratando de concentrarme en el plato. Cuando fui a beber agua la vibración comenzó y paré. Miré a mi Amo y Él me indicó que continuase con normalidad.
Observé que a Silvia le temblaba un poco la mano cuando se llevaba el tenedor a la boca y me sonreí, es bueno no estar sola en estas situaciones.
Cuando llegó el pescado la vibración llegó al máximo y ante la mirada del camarero a ambos Amos se les escapó una carcajada. Cuando se fue, Carlos dijo:
-¿Os pasa algo chicas? Dime Silvia.
-Nada Amo.- Contestó ella.
-¿Y a tí Erytheia? ¿Estás bien? - dijo mi Amo.
-Sí, Amo, estoy bien, gracias.
Estaba muy excitada, necesitaba correrme y creo que a Silvia le ocurría lo mismo.
-¿Quién crees que se correrá primero?
-No sé... ¿Las vamos a dejar correrse, amigo?
-Hagamos algo, ambas tienen permiso para correrse, pero pagará el dueño de la sumisa que se corra antes. ¿Te atreves?
-Andrés, trato hecho, mi perrita sabe aguantar muy bien, aceptaré encantado tu invitación.
-Ya veremos Carlos, ya veremos.
¿Por qué se le ocurrían esas ideas a mi Amo? Silvia tenía más experiencia, más práctica que yo en todo ésto... me van a dejar el culo de un color interesante... porque Él pagará, pero yo cobro seguro... Tengo que aguantar.
Los Amos se intercambiaron los mandos, para que fuese más justo. Al principio apagaron la vibración pero después cada uno controló la vibración a su gusto. Al principio fue suave, pero aumentaba cada poco y al final me costó verdaderos esfuerzos mantener el placer a ralla. Miré a Silvia, se mordía los labios y cerraba los ojos, sujeta a la mesa. Traté de acompasar la respiración, aunque no era nada fácil. Al final vi que Silvia comenzaba a convulsionar... y comenzó a correrse, al verla a ella no aguanté más y se me escapó todo el autocontrol que había mantenido sobre mi misma. Ambas nos corrimos a la vez.
-Alucino. ¿Complicidad entre sumis, chicas?
Ambas negamos con la cabeza, creo que nos encontrábamos tan sorprendidas como nuestros Amos.
-Bueno Carlos, pagaremos a medias.
-Y cobran las dos, Andrés.
-Me parece justo, podría habernos salido a alguno gratis.
- Chicas, id al baño a asearos.
Nos levantamos y Silvia me dio la mano.
-Yo empecé antes niña... ¿Por qué no aguantaste? Ahora también te castigará a ti.
-No lo hice queriendo Silvia, aunque quede mejor decir que sí... tu orgasmo... me calentó y fue culmen.
-Bueno... creo que mañana no me sentaré en el bus camino al trabajo...
-Yo tampoco chica, yo tampoco.
Cuando volvimos del baño había dos pasteles de chocolate ante nuestros asientos, acompañados de una bola de helado. Terminamos y nos fuimos a pasear las dos, mientras nuestros Amos tomaban su café y pagaban la cuenta.
Escuché al rato un silbido y nos dimos prisa en llegar a la puerta del restaurante, nuestros Amos nos esperaban al lado de los coches. Nos despedimos y emprendimos la marcha.
Mi Amo subió a mi piso cuando me dejó allí. Me pidió el cepillo del pelo, pero no fue demasiado duro. Después me levantó de sus rodillas y me llevó al rincón, me dejó cara a la pared. Era algo que le gustaba y a mí, aunque me humillase, también.
Cuando volvió me desnudo entera y me llevó al baño. Se metió conmigo, nos bañamos y me puso crema en el cuerpo. Pidió pizza y a las diez se fue, dejándome metida en la cama, donde me dormí agotada después de todo el fin de semana.
lunes, 9 de marzo de 2015
Lunes
Lunes, como el resto de los mortales odio los lunes, pero si el dia en la empresa es como el de hoy... aun más. Por suerte son ya las dos y media y me puedo ir a casa. Paso primero por el baño, soy presumida y me quiero asegurar de que el día de trabajo no ha hecho mella en mí aspecto. Me retoco el maquillaje y me ajusto bien la falda. Mi faldita tableada color beige, es un regalo de mi Amo y por tanto mi favorita. Salgo a la calle y lo que veo me hace alegrarme de haberme retocado antes de salir. Mi Amo me sonríe apoyado en su moto.
-Perrita ¿Vamos a comer al centro?
Sonrío ilusionada.
-Si, Amo.
Me suelta el pelo para poder ajustarme el casco. Me pone la goma del pelo en la muñeca y me dice: ahora te la vuelves a poner.
Sube a la moto y me indica que lo haga también. Agarra mis manos hasta que me considera bien sujeta a su cintura. El viento nos da de cara y yo apoyada a su pecho me inundo de su olor. Cuando llegue a casa sé que oleré a Él.
Llegamos al centro y Él aparca la moto en una placita llena de terrazas.
-Baja pequeña.
Me quita el casco y lo guarda. Me hace girar y coge la goma de mi muñeca y me pone la coleta de nuevo.
-guapisima, perrita, vamos.
Me agarra por la cintura y me empuja un poco, le gusta que vaya un paso por delante de Él, una vez le pregunté por qué y me dijo: protejo lo que es mío, quiero tenerte bien a la vista.
Entramos en un bar tradicional. El pide dos cervezas, la suya normal, la mía con limón (creo que nunca me acostumbraré a la cerveza sola) El Amo pide varias tapas, jamón, tortilla, chicharrones, ensaladilla y chocos fritos. Es sencillo y me encanta, quizás demasiada comida comparado con lo que yo hubiese pedido, pero Él quiere que yo coma bien. Estamos en una zona un poco apartada, con la ensaladilla me mancha los labios y me besa, la come en mi boca. De vez en cuando me pellizca entre las piernas, yo las mantengo abiertas.
Me pone algo en la mano y me dice:
-Al baño Erytheia.
Llego y abro la mano, aunque por la forma ya imaginaba lo que era, confirmo que se trata del huevo vibrador. Me lo pongo y salgo.
-Ya está dentro Amo.
-Come perrita.
Sigo comiendo, Él no toca el mando, pero aún así yo estoy mojada de pensar en lo que puede pasar.
-No me queda nada de beber preciosa, ve a pedirle al camarero que nos traiga dos refrescos.
-Sí, Señor.
Me levanto y cuando me acerco a la barra comienza la vibración de forma suave. Me muerdo los labios y aguanto la respiración un momento. Cuando consigo acostumbrarme a la vibración me acerco a pedir y justo en el instante en el que capto la atención del camarero mi Amo aumenta la vibración al máximo. Me tiembla un poco la voz al pedir las bebidas, pero lo consigo. Cuando el camarero va a por las bebidas la vibración frena en seco y yo me relajo. Agarro ambas bebidas y camino hasta la mesa. El camino se me hace eterno, cuando me doy la vuelta para caminar hacia las mesas, la vibración vuelve al máximo y casi derramo las bebidas, pero lo logro disimular... o eso creo.
-Has tardado chiquita...-dice mi Amo mientras suelta una carcajada, yo bajo la cabeza completamente roja. - Anda pequeña, termina de comer que me quiero ir.
Se levanta para pagar y nos vamos juntos. Me agarra con fuerza la mano y me besa. Llegamos a su casa, aunque antes paramos a comprar helado de chocolate.
Subimos en el ascensor y me desabotona la camisa. Me besa los pechos y dice:
-sabes tan bien... -llegamos y abre, me deja pasar. -desnúdate y ve a la habitación.
Aparece solo con el vaquero, la tarrina de helado y una cuchara. Me tumba en la cama y me venda los ojos con un pañuelo.
Deja caer helado en uno de mis pechos y lo succiona para limpiarlo, repite el proceso con el otro, vuelve a hacerlo en ambos. Vuelca más cantidad sobre mi ombligo. El frío y el contacto con su lengua caliente me ponen frenética... mojada, muy mojada. El helado se derrite tan rápidamente sobre mi que es complicado no manchar las sábanas.
La última cucharada de helado cae directamente sobre mi clítoris ya hinchado, me remuevo sobre mi misma y el me agarra las muñecas para sorber el helado. Me chupa, me come, me muerde y sube a mi boca para besárme con los labios llenos de helado y de mi propio flujo.
Siento en mi boca helado y su polla dura rozando mis labios. La busco ansiosa.
- ¿La quieres gatita?
Asiento impaciente y la noto en mi boca llena de helado. Chupo con ganas, me la meto entera en la boca y la rozo con mis dientes, pongo todo mi empeño en la tarea y la siento palpitar en la boca, pienso que se va a correr pero la saca de mi boca y entra dentro de mí. Me embiste con fuerza. No aguanto más.
-Amo por favor, necesito correrme.
-cuando lo haga yo.
No aguantaré, me invade el placer y casi no puedo contenerlo, saber que debo hacerlo por orden suya me excita aún más, pero por fin siento su leche dentro de mi y entonces me envuelve un orgasmo brutal que deja mi cuerpo sensible y palpitante.