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lunes, 7 de septiembre de 2015

Destino sorpresa III (Final)

Al día siguiente cuando desperté mi Amo tomaba café leyendo la prensa.

-No sabia yo que las perras andasen a dos patas. -dijo.

Me coloqué a cuatro y así entré en el salón.

-Buenos días perrita. ¿Tienes hambre? Desayuna anda. -señaló un cuenco en eñ suelo de leche con cereales.

Lo cierto es qye me habia despertado con un hambre voraz y me lancé a por el desayuno. Él acariciaba mi culo con un pie mientras leía. Cuando acabé llevé mi cuenco a pequeños empujones hasta la cocina y volví para ponerme a sus pies.

Bajo la mesa Él se sacó el miembro y me indicó que chupase. Lo hice con tranquilidad, Él leia en voz alta algunos artículos, aquellos que pensaba podrían interesarme.

Cuando se corrió y se cansó de leer me dijo que me pusiese de pie y fuese a ducharme mientras Él elegia mi ropa, que íbamos a hacer turismo. Cuando salí de la ducha me esperaba con 10 metros de cuerda fina entre las manos, las cuales usó para "decorar mi cuerpo" además insertó dentro de mí un dildo pequeño y las bolas chinas.

-Si algo te molesta tanto como para no aguantarlo, dímelo y veremos que hacer. Ahora vas bien ¿no?
-Si Amo.

Salimos a ver el castillo del pueblo, que estaba casi a pie de playa, paseamos también por el centro histórico lleno de cuestas empedradas y al final fuimos a comer arroz negro  que es mi favorito, con dos copas de verdejo. Aguanté el rato

La vuelta fue por el paseo marítimo, con dos helados de limón. Al llegar fuimos a la piscina un rato, nadamos y jugó con mi cuerpo.

Sobre las seis le entró hambre y me pidió que me preparase para ser merienda. Me duché y unté con chocolate, crema de avellana y diferentes mermeladas mi cuerpo. Tumbada sobre la mesa puse batido en mi ombligo y un vaso de zumo entre mis pechos, que no caiga.

Me lamió toda, hasta que no quedó rasto y después me dijo:

-Voy a volver a poner batido en tu ombligo y si se te cae una sola gota, tu culo lo va a sentir mucho.

Bajó a comerme, poseyó mi clítoris con la lengua y claro, al final no me aguanté y  derramé un poco de batido.

-Muy mal zorrita, lo has manchado todo, eso no puede ser. Ven aquí.

Se había sentado en una silla y me indicaba sus rodillas... creo que sobra decir que aún hoy pica... ouch...

Salimos a cenar de picoteo por varios barecitos del centro y la noche fue como las anteriores, quizás más tierna...

Hoy, muy a mi pesar, volvemos a casa.

sábado, 5 de septiembre de 2015

Destino sorpresa III

Cuando desperté tenía pegada una nota al pezón derecho.

"Salgo a correr, desayunamos juntos, zumito de naranja y café preciosa, lo demás a tu elección.

Te quiero perrita.

Pd. Prohibidos teléfonos y ordenadores durante el finde."

Cuando salí del baño me puse a preparar el desayuno. Exprimir naranjas, poner la cafetera, cortar fruta, tostar pan, preparar magdalenas de chocolate etc.

Mi Amo llegó cuando todo estaba casi listo. Me besó y mientras yo ponía la mesa se dió una ducha rápida.

Él desayunó y yo bajo su mesa me alimentaba. Cuando se derramó dentro de mí me fue dando poco a poco trozos de tostadas.

Cuando ambos acabamos me indicó de un azote que me pusiese algo para ir a la playa, a pasear.

Si ya me supuso una sorpresa el que quisiese ir a la playa, fue aún mejor cuando ví que no había partes de arriba de mis bikinis en la maleta. Topless obligatorio.

Me puse la braguita del bikini y un vestido corto, coleta alta y gafas de sol.

-¿Estás zorrita?
-Si Amo.
-¿seguro?
-Un poco libre, pero bien.

Se rió y me agarró fuerte la mano. Paseamos por la playa, yo con mis pechos al aire, Él con una mano que iba de mi culo a mis pezones a cada rato. La playa estaba como a Él le gusta, desierta.

Nos bañamos una vez, estaba muy fria, pero ambos estábamos excitados y Él decidió calmar su excitación. Se corrió dentro de mí, en el agua, abrazados. A mí solo me acrecentó la excitación, por más que lo roguè no obtuve permiso.

Fuimos a comer a un sitio de pescado, cangrejos de concha blanda fritos con mahonesa de wasabi y soja; Gyoza japos de verduras, gambas y ternera; ensalada de queso de cabra, ceviche de atún, niguiris de  pez mantequilla y trufa... todo exquisito, todo perfecto y bajo la mesa, entre los platos y el postre, mi Amo me concedió un orgasmo tan inesperado como ansiado; acabando con un mordisco en el cuello y un " tú te corres cuando a mí me da la gana, que para algo eres mía, pequeña."

La hora de la siesta fue agitada, un espejo en el techo, un cabecero de forja y de mi maleta salieron velas y cuerda. La cera olía a vainilla, menuda paradoja... me azotó los pechos y así fue quitando la cera. Me folló mientras yo nos miraba en el techo.
-No cierres los ojos eh perra.
No perdí detalle. Se corrió, me corrí y cuando salía de mí volví a correrme. Limpié su polla despacito, ya sin ataduras; y Él aprovechó para quedarse dormido. Cuando acabé sentí como su brazo me rodeaba y me pegaba a Él. Era dominante incluso dormido. Despertamos a las siete.

La puesta de sol la vimos dentro de la piscina, abrazados. Ducha conjunta con mamada incluida y cena en un restaurante árabe... sillones bajos y yo sin bragas. A veces, cuando me quejaba de esas situaciones el me decía.
-¿Tú a quien perteneces? ... Pues entonces si yo quiero que enseñes, enseñas nena.
El camarero no daba pie con bola y mi Amo se reía con disimulo mientras me tocaba.
Comimos bien y nos lo pasamos mejor...

La noche fue como la siesta, pero más larga, más dura, más intensa... en vez de dos... cuatro...  y que bonito es incluso dormido.

viernes, 4 de septiembre de 2015

Destino sorpresa II

La primera parada fue en un restaurante en mitad de la carretera que podría haber estado en cualquier parte. Un lugar rodeado de campo con un jardincito de ensueño. Comimos genial, tanto pescado como carne. Tras el postre me metió por el jardincito y allí me folló concediéndome mi tan ansiado orgasmo. Él había pasado tres horas conduciendo y excitándome  sin permitir que me corriese.

En el coche volvió a ponerme el antifaz y me quedé dormida un ratillo, lo cual es un logro, porque al principio dormir con el antifaz me era imposible. Cuando me despertó estábamos en el parking subterraneo de un supermercado. Fruta, tostadas, zumo, leche, café. Lo justo para tres días de desayuno.
El acento del los lugareños no se diferenciaba mucho del mío propio, pero seguía sin saber donde nos encontrabamos.

No estuvimos en el coche más de quince minutos. Cuando aparcó por última vez estábamos en unos apartamentos a pie de playa. Mi Amo es maravilloso.

-Estamos en septiembre, espero que no haya muchos veraneantes. 

Una habitación con cama de matrimonio, cabezero de forja y espejo en el techo. Un sofá repleto de cojines y una alfombra fina a sus pies, una cocina pequeña, un baño con bañera redonda, terracita y una piscina privada. Como siempre mi Amo había pensado hasta en el último detalle.

Me llevó a la cama y me dijo: Tú has dormido, ahora me toca un rato a mí. Se tumbó y yo me dediqué a adorar sus pies, lamerlos y masajearlos.

Despertó después de una hora, y de sus pies pasé a su polla. Cuando se derramó dentro de mi garganta me señaló el suelo y a cuatro patas lo seguí hasta la piscina. Se puso a nadar, mientras yo en el borde tomaba el sol.

Salió y me folló el culo en la terraza.

Después nos duchamos juntos y fuimos al pueblo a cenar...

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Destino sorpresa

Me venda los ojos y me sienta en una silla, atada por los tobillos y las manos. Un consolador en mi coño, a máxima potencia.
-Ni se te ocurra correrte.

Intento concentrarme en otra cosa, pero no es fácil. Sé qué Él está preparando una maleta, lo escucho trastear entre mis cosas. Es dificil centrarme en sus movimientos, estoy muy excitada y la oscuridad me obliga a centrarme aún más en las sensaciones de mi coño. Al fin escucho la cremallera cerrar la maleta. Segundos después su polla está en mi boca, chupo con fricción y Él me bombea marcando el ritmo. Cuando creo que no aguantaré más se derrama dentro de mi boca y me ordena:
-Córrete perra.

Me desata y me limpia con una toalla. Su polla ya la he dejado yo reluciente antes. Me quita la venda y bajamos las maletas al coche. Entramos en el bar de enfrente a desayunar.
-Zumo y tostadas para la señorita, para mí lo mismo y un café solo.
-¿No quiere usted café o leche o algo?
-Ella ya ha tomado leche en casa, gracias.

Me pongo roja instintivamente. Él se ríe cuando me mira, está juguetón, pero por suerte, el desayuno acaba sin más percances.

Cuando salimos de la cafetería entramos directamente en el coche. Él me venda los ojos y pone música. Abre mis piernas y las coloca en alto. Arrancamos y en cada semáforo juega con mi coño.

-Solo te digo que nos quedan tres horas de viaje, y que no te puedes correr.

martes, 17 de marzo de 2015

dos horas más tarde.

Me levantó con delicadeza y me besó. Se quitó el reloj y yo lo llevé a su mesilla de noche. Cuando volví estaba sentado en el salón. Lo descalcé y le puse las zapatillas, con mimo. Él me miraba y se dejaba hacer. Llevé al salón el vino, junto con los frutos secos, el día estaba para tinto, Ribera del Duero. Bebió de su copa, yo estaba arrodillada a su lado. Succionó mis labios dejando que el líquido llenase mi boca, un par de gotas resbalaron por mi barbilla. Se quitó el cinturón y con su mano guió mi cabeza al suelo. Mi culo quedaba expuesto ante sus ojos y el cuero restalló contra mi nalga derecha. Se sucedieron los azotes con fuerza... se me escapó algún quejido y se me saltaron las lagrimas, me mojó.

Me levantó y me folló la boca con fuerza. No me tragué inmediatamente su semen, jugué con el en mi boca un rato antes de dejarlo resbalar por mi garganta.
-Trae mi maletín.
A cuatro patas fui hasta la entrada y cogí su maletín entre los dientes, pesaba y me costó un poco, pero lo llevé hasta Él que lo cogió acariciándome los labios con sus dedos. Del maletín sacó mi collar y me lo puso.
-Me gustaría darme un baño antes de cenar.
No hizo falta más, gateé exagerando el movimiento de mi culo hasta el baño, allí preparé el agua caliente, su pijama, los aceites, las velas y puse música clásica. Volví al salón.
-Cuando disponga mi Señor.
Lo seguí hasta el baño me indicó que me quitase los zapatos y las medias. Luego comencé a desnudarlo a Él. Nos metimos juntos en la bañera. Me acariciaba y me pellizcaba con la misma intensidad, me mordía y me besaba... Sentí de nuevo su polla tiesa en mi espalda y al final me levantó y con cuidado la introdujo en mi culo. Me embistió entonces con fuerza. de forma salvaje, mientras que estimulaba mi clítoris.

-Estoy a punto perrita, cuando sientas mi leche, quiero que te corras.

Así fue... después... se nos hizo tarde para la cena.

Dos horas.

Si bien es cierto que durante toda la semana anterior hemos tenido un tiempo maravilloso, tanto como para ir a la playa... esta semana se ha estropeado...Toda la noche de ayer y todo el dia de hoy lloviendo a mares... Así que sobre las tres me ha llamado mi Amo:
-Nena, tengo un problema- si, mi Amo es maravilloso, pero es humano y tiene problemas- necesito tu ayuda.- siii pide ayuda y me la pide a mí, su sumi, porque sabe que yo estoy para todo lo que Él necesite.
-¿En qué puedo servirle Amo?
-Con la lluvia tengo una pequeña inundación en casa, en la habitación... me la arreglan en nada, pero esta noche necesito quedarme en tu casa. Erytheia, sabes que en esta cuestion puedes decir que no, tanto a acogerme como a servirme mientras esté en tu casa.
-Amo, eso que dice es una tonteria, estoy encantada de que venga a casa y de poder servirle.
-Gracias perrita. ¿te viene muy mal sobre las ocho? Sigo en la oficina y tengo que hacer maletas.
-Señor, su casa y su perra están a su disposición cuando quiera. ¿Quiere algo de cenar?
-Cocino yo Erytheia.
-Si, Amo.
Faltaban algo más de dos horas para que mi Amo llegase. Yo comencé a prepararlo todo, a servirlo sin su presencia. Primero di un repaso a la limpieza y el orden de la casa, aunque la tenía lista para visitas imprevistas, pensé que debía aprovechar que Él había avisado.  Llevé una botella de agua a la habitación, dentro de un recipiente lleno de hielos. Bajé a la tienda y compré una tableta de chocolate negro. Ordené la cocina tal y como Él la preparaba antes de cocinar y puse velas aromáticas. Me duché y me perfumé, me puse crema en todo el cuerpo y me maquillé con suavidad; recogí mi pelo en una cola alta y me puse los tacones negros con las medias de liga.
Cuando estuve lista llevé las toallas limpias al calentador y preparé todo  para que a su llegada se puediese dar un baño relajante, preparé la cama para la noche. Por último llevé los periodicos al salón y abrí el vino para oxigenarlo, preparé dos bols de frutos secos y el mando de la tele, delante del sofá unas zapatillas de estar por casa que tenía allí para cuando Él iba. Eran las ocho menos cinco cuando sentí el ascensor. Me arrodillé ante la puerta y al escuchar el golpe seco de Sus nudillos abrí.

Me sentía totalmente suya, porque aunque Él apenas había cruzado la puerta, yo ya llevaba dos horas concentrada en su bienestar.

lunes, 16 de marzo de 2015

Fin de semana en el campo. III (fin)

El fin de semana se acababa, era domingo y a las once y media estaba yo terminando de hacer las maletas. Mi Amo se había levantado a las cinco para correr y tomando el sol a la vuelta se había dormido. Le puse cerca una sombrilla (No es tan moreno como Él dice) y una botella de agua en un recipiente con hielo, despertaría con sed y yo lo sabía.  Me fui dentro para recoger las cosas, Él ya me había dicho que nos iríamos antes de comer. Terminaba de guardar los juguetes en mi maleta cuando apareció con la botella de agua en la mano.

-De rodillas perrita.

Llenó mi boca de agua helada y me metió su polla en la boca. Le gustaba que se la chupase así, con el agua fría. Se la mamé lentamente, bebiendo agua cada vez que notaba que se calentaba en mi boca. Me dejó seguir a mi ritmo, era de las pocos momentos en los que yo tomaba el control, hasta que se corrió. Me tumbó sobre la cama y abrió mis piernas, dejando mis rodillas levantadas.  Besó mis muslos y los lamió, sorbió de mi interior, jugó con su lengua (bendita lengua) succionó mi clítoris y me mordió. A mi Amo le encanta comerme y se nota su maestría (sus palabras exactas son que Él disfruta al completo de lo que le pertenece... y que tengo muy buen sabor.)  Me dejó correrme, pero siguió hasta que consiguió enlazarlo con un segundo orgasmo. Fue entonces cuando me metió el huevo con control remoto, me giró y me puso también el dildo anal. Me dio un azote seco en el culo y me dijo: Ve al baño, arréglate, vestido violeta tacones marrones, cola alta y maquillaje claro, hemos quedado con Carlos y Silvia para comer.  Carlos es uno de los mejores amigos de mi Amo, trabajan juntos. Silvia, su sumisa, se ha convertido en una de mis mejores amigas, compartimos todo, ella tiene más experiencia que yo y sabe dar buenos consejos. Fue mi Amo el que me la presentó, para Él es importante que yo tenga una amiga sumisa con quien hablar. En mi opinión es uno de sus mayores aciertos, yo nunca lo habría pensado.

Cuando estoy vestida y salgo del baño las maletas no están. Noto una vibración fuerte en mi coño y doy un pequeño respingo. Voy a buscar a mi Amo, es un aviso claro para que me de prisa. Lo encuentro en el coche, con las maletas dentro del maletero y apoyado mirando el reloj.
-Vamos tarde perrita.
-Perdón Amo.
Me muerde la boca y me besa. Entro en el coche y Él me cierra, me ajusta el cinturón y da la vuelta para sentarse Él. Adivino a donde vamos por el camino que coge, es un restaurante que me encanta, de pescado, a pie de playa.
-Agua, pescado a la plancha, quiero que tomes también algo de verdura. Te sientas a mi lado, frente a Carlos, no hace falta decirte como debes sentarte. Siempre que haya un plato en la mesa quiero que estés en silencio, a excepción de que Carlos o yo mismo te hagamos una pregunta directamente. Cuando todo esté retirado puedes hablar con Silvia. Si quieres ir al baño o necesitas pedirme algo agarra mi rodilla bajo la mesa y yo decidiré si te doy permiso para hablar. Es una comida de trabajo y necesitamos concentración.  En los postres puedes hablar lo que quiera. Os indicaremos cuando podéis abandonar la mesa, sé que querrás pasear por la playa. ¿Alguna duda perrita?
-No Amo.
-¿Quieres poner música?
-Si, por favor, Amo.
-Toda tuya.
Puse la radio, cuando el ritmo de la canción era lento activaba la vibración, en el estribillo subía una velocidad. Si la canción se acababa o no le gustaba lo apagaba, si el ritmo era rápido, sucedía igual, pero con más fuerza.  No me permitió correrme hasta que no estuvimos casi en la puerta del restaurante. El aparcacoches se extrañó de mi respiración agitada y mi Amo apenas podía aguantar la risa.  Cuando llegamos Carlos y Silvia estaban ya sentados. Amos se levantaron. Silvia me dio dos besos, comprobé que no había platos sobre la mesa. Carlos me besó la mejilla.
-Estás guapa, Erytheia.
-Gracias Señor.
Nos sentamos y nos dieron las cartas.  Dudé durante un rato, no sabía que pescado elegir, todos llevaban patatas y yo quería tomar verduras. Mi Amo, viendo mi confusión me señaló la dorada al horno, acompañada por pisto ¿Vale pisto? ¡Claro, ha dicho verduras, no ha dicho como! pensé, yo había buscado verduras a la parrilla.  Carlos pidió la bebida para todos y un plato de gambas a la plancha como entrante. Estuvimos charlando hasta que el camarero apareció con el plato. En ese momento Silvia bajó la mirada y calló, yo hice lo mismo.
Mi amo me sirvió un par de gambas y se lo dejó a Carlos que sirvió a su sumisa, después se sirvieron ellos mismos, cuando los vimos empezar a comer lo hicimos nosotras. Ellos hablaban de trabajo, yo me concetraba en mirar a Silvia de reojo, tratando de concentrarme en el plato. Cuando fui a beber agua la vibración comenzó y paré. Miré a mi Amo y Él me indicó que continuase con normalidad.
Observé que a Silvia le temblaba un poco la mano cuando se llevaba el tenedor a la boca y me sonreí, es bueno no estar sola en estas situaciones.
Cuando llegó el pescado la vibración llegó al máximo y ante la mirada del camarero a ambos Amos se les escapó una carcajada. Cuando se fue, Carlos dijo:
-¿Os pasa algo chicas? Dime Silvia.
-Nada Amo.- Contestó ella.
-¿Y a tí Erytheia? ¿Estás bien? - dijo mi Amo.
-Sí, Amo, estoy bien, gracias.
Estaba muy excitada, necesitaba correrme y creo que a Silvia le ocurría lo mismo.
-¿Quién crees que se correrá primero?
-No sé... ¿Las vamos a dejar correrse, amigo?
-Hagamos algo, ambas tienen permiso para correrse, pero pagará el dueño de la sumisa que se corra antes. ¿Te atreves?
-Andrés, trato hecho, mi perrita sabe aguantar muy bien, aceptaré encantado tu invitación.
-Ya veremos Carlos, ya veremos.

¿Por qué se le ocurrían esas ideas a mi Amo? Silvia tenía más experiencia, más práctica que yo en todo ésto... me van a dejar el culo de un color interesante... porque Él pagará, pero yo cobro seguro... Tengo que aguantar.

Los Amos se intercambiaron los mandos, para que fuese más justo. Al principio apagaron la vibración pero después cada uno controló la vibración a su gusto. Al principio fue suave, pero aumentaba cada poco y al final me costó verdaderos esfuerzos mantener el placer a ralla.  Miré a Silvia, se mordía los labios y cerraba los ojos, sujeta a la mesa. Traté de acompasar la respiración, aunque no era nada fácil. Al final vi que Silvia comenzaba a convulsionar... y comenzó a correrse, al verla a ella no aguanté más y se me escapó todo el autocontrol que había mantenido sobre mi misma. Ambas nos corrimos a la vez.

-Alucino. ¿Complicidad entre sumis, chicas?
Ambas negamos con la cabeza, creo que nos encontrábamos tan sorprendidas como nuestros Amos.
-Bueno Carlos, pagaremos a medias.
-Y cobran las dos, Andrés.
-Me parece justo, podría habernos salido a alguno gratis.
- Chicas, id al baño a asearos.
Nos levantamos y Silvia me dio la mano.
-Yo empecé antes niña... ¿Por qué no aguantaste? Ahora también te castigará a ti.
-No lo hice queriendo Silvia, aunque quede mejor decir que sí... tu orgasmo... me calentó y fue culmen.
-Bueno... creo que mañana no me sentaré en el bus camino al trabajo...
-Yo tampoco chica, yo tampoco.
Cuando volvimos del baño había dos pasteles de chocolate ante nuestros asientos, acompañados de una bola de helado.  Terminamos y nos fuimos a pasear las dos, mientras nuestros Amos tomaban su café y pagaban la cuenta.

Escuché al rato un silbido y nos dimos prisa en llegar a la puerta del restaurante, nuestros Amos nos esperaban al lado de los coches.  Nos despedimos y emprendimos la marcha.
Mi Amo subió a mi piso cuando me dejó allí. Me pidió el cepillo del pelo, pero no fue demasiado duro. Después me levantó de sus rodillas y me llevó al rincón, me dejó cara a la pared. Era algo que le gustaba y a mí, aunque me humillase, también.
Cuando volvió me desnudo entera y me llevó al baño. Se metió conmigo, nos bañamos y me puso crema en el cuerpo. Pidió pizza y a las diez se fue, dejándome metida en la cama, donde me dormí agotada después de todo el fin de semana.

domingo, 15 de marzo de 2015

Fin de semana en el campo II

Llegamos a la finca sobre las doce de la mañana. Durante el trayecto yo me había corrido dos veces, mi cuerpo olía a sexo.
Entramos en la casa, soltó las maletas en la habitación y me indicó que me desnudase.
-deshaz las maletas y ordenalo todo, voy a bajar al supermercado. Cuando acabes puedes ir a la piscina.
Me besó y se marchó. Empecé con su maleta, era la que tenía más ropa. Lo coloqué todo y después colgué mi ropa al
lado, ordené los juguetes y fui a la piscina. Me lancé de cabeza, nadar desnuda era uno de los placeres que solo podía disfrutar en su casa.
Llegó pronto, yo aún estaba nadando cuando apareció en el jardin. Llevaba el bañador e iba descalzo, se tumbó con una cerveza en la mano.
-perrita, sal ya que te arrugas.
Obedecí y me arrodillé a su lado. Su bañador mostraba una erección considerable. Me pilló mirando su polla.
-¿La quieres perrita? Venga, sin manos.
Me acomodé y bajé con los dientes el bañador, su erección saltó sobre mi cara. La besé despacito y la lamí entera. Me la metí en la boca.
-Usa tus tetas pequeña.
Comencé a hacerle una cubana, tal y como me había dicho. Hasta que sentí que se corría y aceleré el ritmo. Su leche manchó mis pechos y mi cara. Se la lamí hasta dejarla limpia.
-Como te has puesto perrita, límpiate que tenemos que comer.
Con mis dedos recogí el semen y lo llevé a mi boca, hasta que lo limpié todo.

Me puso mi collar, no lo llevo siempre, solo en la intimidad y en algunas sesiones, lo guarsa Él y me lo pone cuando quiere. También enganchó la correa y a cuatro patas me llevó dentro, hasta el cuarto de baño. Me indicó que entrase en la bañera y me duchó a cuatro patas, para quitarme el cloro. Me sacó y me secó con una toalla. Me indicó que me sentase sobre los talones y sentado Él en el borde de la bañera me secó el pelo.
Me levantó en sus brazos y me besó. Me llevó hasta la cocina y me volvió a dejar a cuatro patas.
-¿Me quieres ayudar a cocinar perrita?
-Si Amo!
-Puedes ponerte de pie, lávate las manos y saca tomate, ajo, pimientos  y cebolla de la nevera.
Él puso música y sirvió dos copas de vino dulce.
-Pruebalo pequeña, te va a gustar. -dijo ofreciéndome la copa.
Era afrutado y efectivamente, me gustaba. 
Cogió la cebolla y el ajo y los picó pequeñitos, a mi me dejó los tomates y los pimientos. Mientras el sofreía yo corté la verdura que quedaba y la eché poco a poco. Después me mandó a poner la mesa mientras Él acababa, pero antes de eso me quitó el delantal.
Comimos juntos y después volviò a indicarme que me pusiese a cuatro patas. Me llevó al salón y me tumbó en el sofá, abrí las piernas y me masturbó de forma frenética. Cuando estaba a punto de correrme paró, dejándome muy excitada.
-ahora me toca nadar a mi, ve a recoger la mesa y cuando todo este limpio ven a buscarme, quizás luego puedas correrte. Puedes hacerlo de pie.

Me besó la frente y se fue.  Me di toda la prisa que pude, pero a la vez me aseguré de dejarlo todo bien. Cuando terminé me puse a cuatro patas y gateé veloz a su encuentro.

Estaba nadando y indicó que saltase dentro. Nadé hasta Él y me besó, yo respondí a su beso.
Pellizcó mis pechos y me mordió el cuello. Sentí su bolla contra mi cuerpo y me di cuenta de que nadaba sin bañador.  Se volvió salvaje, me araño, me mordiò, me lamió, me dejò su marca y de pronto me giró y entró dentro de mí de una sola embestida.

sábado, 14 de marzo de 2015

Fin de semana en el campo.

Mi Amo tiene una casita en el campo, no es muy grande, dos habitaciones normalitas, un salón con cocina abierta que es perfecto para reuniones de amigos, dos baños y un jardín enorme con piscina incluida. Algunos fines de semana, si no tenemos otros compromisos, mi Amo me lleva allí. A mí me encanta.  El sábado por la mañana me llama tempranito, normalmente me despierta el teléfono, me da una hora para ducharme y preparar una maleta con algo arreglado para salir a cenar, zapatos de tacón y algo más ligero por si bajamos al pueblo, después debo meter todos los juguetes que tenga en casa. Él aparece justo cuando pasa una hora, yo me visto con algún vestido ligero que él elige y zapatos planos, me dejo el pelo suelto y pongo mis gafas de sol sobre mi cabeza. Bajamos a desayunar al bar de enfrente, mi Amo me conoce tan bien que está seguro de que no he desayunado con los nervios del viaje. Pide dos cafés, tostadas también para los dos y un zumo de naranja y una manzana cortada a trocitos solo para mí (vuelvo a pensar que está obsesionado con que tome fruta, pero no lo comento.) -Bebe, que se van las vitaminas. - me dice y yo me río, a veces parece mi abuela.
Desayunamos tranquilos, charlamos de cosas banales... he dormido bien; sí, Amo sí cené en condiciones; no... no me quedé hasta tarde viendo la tele; no, tampoco leyendo... ¿A qué hora? ... no sé Amo, creo que no miré el reloj...; probablemente sí, después de las doce...; ¿Tarde? Señor que era viernes....; No, no creo que me lo merezca... pero lo aceptaré Amo.

Subimos a casa y me pone sobre sus rodillas.
-Perrita, vamos a recordar un poco... ¿A qué hora te debes ir a dormir para estar descansada cada día?
-Antes de las once los días de trabajo Amo.
-¿Y cuando no trabajas?
No contesto y el primer azote me pica por el impacto.
-Ay, antes de las doce Amo.
-Entonces ¿Te mereces o no el castigo?
-Pero estaba acostada...- otro azote.
-No seas contestona. ¿Has incumplido o no?
-Sí, Amo, sí, me lo merezco.
-Pues cuenta.
Me caen 15, más los dos de antes... no son muchos pero pica... y nos queda una hora de viaje--- odio ir en coche después de una azotaina.
-¿Vas a ser obediente?
-Sí Amo.
Me sienta con cuidado sobre sus rodillas y me besa. Me acaricia y me mima... se pasa un poco el dolor.
-Ve a tumbarte en la cama, bocabajo.
Obedezco... no lo ha dicho con un tono que me indique más azotes... Aparece poco después en la habitación con crema hidratante... No han sido muchos azotes, pero no puede dejar de cuidarme... Estoy muy relajada, hasta que noto presión en mi culo y me tenso un poco.
-Relaja pequeña, ya lo has llevado otras veces.
Me relajo y el dildo entra despacio. Queda ajustado en mi culo y me ayuda a levantarme. Coge mi pequeña maleta y me dice.
-Puedes quitarte las braguitas... llevándola por los tobillos vas a llamar la atención por la calle. -Nada de ropa interior... lo imaginaba... incluso me extrañó que me las diese antes... tampoco llevo sujetador.
Bajamos y andamos hasta el coche, que está en una calle paralela. Me siento rara con eso en mi culo... lo he llevado muchas veces, pero creo que no me acostumbraré nunca.
Cuando me siento en el coche me molesta el contacto del asiento con la piel, imagino que aún la tengo colorada. Abro las piernas y Él me ajusta el cinturón. Me descalza y sube mis piernas al salpicadero, abiertas. Entra en el coche por el otro lado, se pone el cinturón y arrancamos.
-Vamos a jugar perrita, quiero que te masturbes, cuando el semáforo se ponga en rojo o encontremos un stop tienes que parar. No te puedes correr, de momento.