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domingo, 17 de enero de 2016

El juego de la estatua

Ese día había pensado pasarlo en casa. Llevaba varios días medio pachucha y saturada de trabajo. Eran las doce y media y estaba trabajando en la mesa del comedor cuando se abrió la puerta. Sólo Él tenía llaves. Me pilló desprevenida, en pijama y con todas las cosas del trabajo esparcidas.

-Hola pequeña. ¿Aún en pijama? Vamos.

Me agarró la mano y lo seguí por el pasillo. Una vez en el cuarto de baño abrió el grifo y comenzó a desvestirme. Estaba la bañera se llenaba poco a poco de agua que calentaba el ambiente. Cuando estuve desnuda me ordenó prepararme y me inspeccionó. Por suerte a pesar de haber estado regular no había descuidado la depilación. Me mandó meterme en la bañera.

-Mis brazos, me barriga, mi teta, mi otra teta, mi pezón -pellizco- mi otro pezón, mis piernas, mi coño...-Tres dedos dentro- mis piernas, mis pies. Bien, mi propiedad limpita. Ahora voy a lavarle el pelo. Así mi muñeca. Echa la cabeza para atrás cosita  mía, buena chica.

Me sacó de la bañera y me secó. Después me sentó en el suelo sobre las toallas y comenzó a secarme el pelo. Era minucioso en la tarea. Yo sabía que tanto mimo no me libraría de un castigo y efectivamente así fue.

-Lista, ven a la butaca.

La butaca era un sillón de mi salón donde Él se sentaba especialmente a regañarme por una falta cometida.

-¿Pensabas estar todo el día en pijama?
-No Amo.
-¿entonces?
-No  me di cuenta de la hora Amo.
-¿Qué te tengo dicho?
-Qué debo mantenerme aseada y vestida aunque esté en casa. Puedo ponerme mallas y ropa cómoda pero no pijama. Nunca más tarde de las doce en pijama.

-¿Y qué rutina te digo que sigas?

-Qué me levante, desayune  y me duche.

-Bien, has desobedecido, vamos a jugar a la estatua.

No sabéis cuanto odio el juego de la estatua. Consiste en arrodillarme tiempo marcado por una alarma que no sé cuándo va a sonar. Pinzas en los pezones, un plug en el culo, un vibrador al máximo en el coño y con la lengua fuera, sobre esta un cacahuete que no se puede caer. Pero lo peor es que lo hago en un rincón del salón mientras Él pasa de mí.

Debió notarse mi cara de disgusto pq antes de empezar me lleve varios azotes fuertes en cada nalga

Estuve así como mil años. Él leía, iba a la cocina a por frutos secos, bebía agua, pero ni me miraba.  Pensé que no aguantaría,  las ganas de correrme, de tirar el cacahuete al suelo, de frotarme contra su pierna como una perra... pero a la vez pensaba muchísimo en el castigo. Tenia que cumplir los protocolos a raja tabla si quería ser suya, pertenecer a su mundo. Esto no podía volver a pasar. Lloré un poco. Pero aguanté el castigo. Me puso la mano para que le diera el cacahuete y me quitó las pinzas lamiendo cada pezón para calmar el ardor. Me subió sobre su regazo en la butaca, como una gatita pequeña. Y me acarició el lomo y el culo hasta que me quedé dormida. Me despertó a la hora de comer, me había trasladado al sofá y había cocinado macarrones con salmón y queso. Hacía una semana le había dicho que me apetecían pero como estaba regular quería cuidarme. Ahora estaba bien y Él no lo había olvidado.

lunes, 14 de diciembre de 2015

La gata

Nunca he sido capaz de comprender por qué mi Amo llama gatita a una zorra como yo... Las gatitas son independientes y elegantes... yo lo único que comparto con una gata es lo muchísimo que me gusta lamer la mano de mi Dueño.

Sin embargo a Él le gusta que yo, además de Su puta, Su sierva, Su zorra y Su perra, sea su gatita... Y yo soy todo lo que Él diga. Hace unas semanas, dejó un paquete en mi casa, una caja envuelta en un precioso papel de regalo negro, con un lazo dorado.

-Tienes prohibido abrirlo hasta que te lo indique expresamente.

Me moría de curiosidad, pero si algo sé, es obedecer una orden directa (casi siempre)... me até las ganas y ni siquiera lo moví de donde Él lo había dejado.

Hoy, cuando salía de trabajar recibí un mensaje.
"Come bien, descansa media hora y prepárate para mí. Estaré allí a las seis. Quiero que abras el paquete y te pongas lo que hay dentro."

¡Por fin había llegado el día!

Me costó mucho comer bien entre tanta expectación, pero no me moví de la silla hasta que me terminé el plato. Después de recoger la cocina y un poco la casa me eché media hora... no dormí demasiado pero descansé un poquillo. Por último, cuando faltaba una hora para su llegada comencé a prepararme para Él. Revisar la depilación, ducharme, secarme bien, maquillarme un poco, peinarme y por fin, abrir el misterioso paquete.

Lo puse sobre la cama y lo abrí con cuidado... ni siquiera rompí el papel en mil pedazos... tenía ganas pero me contuve.  Dentro de la caja, envueltos en papel de seda encontré, unas orejas de gatita negra, unas medias de seda negra, un tanga negro, un collar con cascabel y una cola de gatita... sí, negra.

Me coloqué las medias, medias implicaba tacón así que fui a buscar mis tacones negros. Me puse las orejas y el collar y por último me lubriqué un poco el ano y metí la cola.

Eran menos diez... me fui a la puerta y me coloqué como una gatita esperando a su Amo.

Él llegó puntual. Acarición mi lomo y yo lamí sus pies. Fue hasta un sillón caminando y lo seguí. Con la boca conseguí deshacer los cordones de sus zapatos y descalzarlo, luego fui a por las zapatillas y se las coloqué. Me acarició la cabeza y ronroneé agradecida.  Comenzó a jugar conmigo me acaricia la cabeza y la barriga, yo me pongo bocarriba con las patas en alto y juego con sus brazos, que me hacen cosquillas.

-Mi gatita bonita. ¿Quieres leche gatita?

De un salto me incorporo y maullo, mientras restriego mi cara contra su entrepierna. ¿Que si  quiero leche? Una gatita siempre quiere leche.

-Bueno, vale gatita, te daré leche.

A cuatro patas espero mientras Él saca su polla del pantalón. Voy a lanzarme a lamerla cuando me la aparta.

Pongo cara triste y lo vuelvo a intentar... Sigue moviéndose y comienzo a maullar frustrada. Quiero leche.

Al final un pollazo en los morros me coloca mi premio cerca de la boca. Lo lamo agradecida y me lo trago entero. Se pone muy, muy dura dentro de mí. Lamo con ansia, chupo y juego con mi lengua, hasta que consigo la leche. Trago y me relamo. La beso en la punta y maullo agradecida.

Él acaricia mi cabeza y yo ronroneo de puro gusto. Me sube en su regazo y me acaricia todo el cuerpo. Yo lamo sus manos y su cara mientras Él juega conmigo... Pasamos mucho rato así... me encanta lamerlo todo... y que me acaricie me empieza a excitar.

Me caliento y noto como Él también lo hace, por la dureza de su polla bajo mi cuerpo.

Me coloca a cuatro patas en el sofá. Me quita las orejas, el collar y de un tirón saca la cola.

-Ahora te voy a follar como la puta que eres.

sábado, 26 de septiembre de 2015

Es un juego.

Es un juego: Tu me obedeces y yo te cuido. Es un juego: Yo me entrego y usted me protege.
Juguemos, encontrémonos en lugares que nadie conoce... en lugares que no existen... Convierta nuestro encuentro en una visita a un mundo paralelo... ayúdeme a olvidarme del mundo... Con un simple dedo...


Él acaba de despertar... yo he dormido poco... Aún me cuesta acostumbrarme a sus agarrones dormido... a su forma inconsciente de dominar, de poseer...

-¿No puedes estarte quieta? menuda me has dado... mala.
-No soy mala.

Un dedo, con un dedo me tiene derrotada, me hace cosquillas, con un solo dedo, como pequeñas punzadas mientras me dice, riendo:
-¿Le dices que no a tu Amo? te estás buscando castigo divino!

Pero yo sé que no es verdad, porque se ríe y tiene la voz cariñosa, la que me gusta... y huele a ternura y sé que puedo reirme con las cosquillas, porque está jugando... y me domina de esa forma tan sana y tan infantil... y una parte de mí sabe que soy un poco más suya... que así me gana.

Se levanta y se va a hacer café. Es la única persona que supo cogerle el toque de azúcar que a mí me gusta a la primera. Me llama desde la cocina y gateo a su encuentro. Se sienta en el sofá y me coloco a sus pies. Me da la taza de café y un trozo de bizcocho.
-No tengo mucha hambre Señor.
-Cómetelo

Charlamos, así, con la taza de café calentando mis manos y su presencia calentando mi cuerpo.  Al rato se levanta y se lo lleva todo a la cocina. Cuando vuelve trae una lata de gominolas en las manos. -¿Te gustan?
-Si Señor.
-Bien.
Pone un antifaz en mis ojos y me da la lata abierta.

-Vamos a jugar pequeñita. Tú eliges una gominola, me la enseñas y te la metes en la boca. A ver si adivinas el color.
 No fue fácil, las rojas me sabían azules, las amarillas blancas y las naranjas, que estaba segura de poder distinguir porque generalmente tenía un sabor más fuerte, no me tocaban nunca.

-Vamos perrita... si lo consigues te doy polla.

En ese momento... no sé que me pasó... pero me bastaron dos segundos para decir, con toda la seguridad del mundo:
-Verde!
y mi Amo solo fue capaz de responder:
-Serás zorra... ahora tengo que darte polla.

Me reí con ganas... lo cierto es que estaba orgullosa de mi triunfo. Apoyé mi cabeza en su pierna, jugueteando con su vello... era una manía que el me permitía conservar... creo que le gustaba...
Estuvimos un rato así, hasta que me agarró la cabeza y me dijo:
-Anda ven aquí.
 Abrí la boca y me la tragué toda, buscando conseguir su semen, tragarlo, que fuese mío... era una carrera y yo tenía que ser la mejor... al fin y al cabo, estábamos jugando.

sábado, 12 de septiembre de 2015

Noches para perderlas.

La canción de las noches perdidas suena en la radio, mientras yo termino de preparar la cena. Me ha dejado cocinar para Él... y llevo tres semanas pensando que podría gustarle. Él está en la ducha, ha estado entrenando hoy. Yo llevo un tanguita rosa y un delantal, el pelo recogido y un dildo en el culo. Espero que le guste la cena... para una vez que me deja cocinar a mí... me ha prometido que hoy me deja cuidarlo y mimarlo mucho, de verdad.  

Aparece con unos boxers azules y una camiseta de rallas burdeos y azul. Es muy guapo, con el pelo mojado más... así de natural. 

-¿Como va eso perrita?
-Bien Amo. 
-Saldrá rico ¿No?
-Eso espero Señor... 

Se puso a trastear por allí, a probar lo que estaba preparando y a probarme a mí también. Me besó y lamió, movió el dildo... ains es extraño como me molesta y me envía una descarga de placer por todo el cuerpo. 

-Cuando quiera Señor, está todo listo. 
-Pues vamos, que cuanto antes cenemos, antes te comeré a ti.

Saco las croquetas de puchero, las papas aliñás y los filetes. Sé que hoy viene con hambre y que tiene ganas de comida tradicional. Por extraño que pueda parecer cenamos tranquilos, sin juegos, Él en la mesa sentado, yo a sus pies. Él no para de acariciarme y a mí se me escapan sin querer ronroneos de placer. 

-¿Te lo has comido todo peque?
-Si, Amo. 
-En el centro de la cama, a cuatro patas, los hombros sobre el colchón, pon un cojín y apoya la cabeza. Quítate el tanga. 
Me pongo de pie y me quito el tanga. Lo dejo sobre la silla, doblado y a cuatro patas voy hasta la habitación. Me coloco tal y como me ha ordenado. Tarda un rato, lo oigo trastear con los platos, imagino que recogiendo la cena. Cuando aparece no me giro, soy lo suficientemente lista. Me azota con la mano las nalgas, están completamente expuestas. Juega con el dildo y con un dedo juguetea con mi coño. Saca el dildo, me azota y entra en mi culo. Me folla el ano con fuerza, mientras juega con mi coño. Cuando está a punto de derramarse dentro de mí, saca la polla y me la pone en la boca. Chupo y me lo trago todo. 

-Ahora te toca a ti. Bocarriba nena. 

Me ata a la cama, brazos y tobillos. Pone un cojín bajo mi culo y me besa. Sale de la habitación, cuando vuelve lleva papel de cocina con algo dentro... 
-Cierra los ojitos zorra y no te muevas 

El hielo me recuerda a una de mis primeras sesiones con Él. Lo coloca en mi coño y quema, me excita, me humedece... Instintivamente trato de cerrar las piernas, pero no puedo, estoy atada, aún así me azota la cara interna de los muslos. 

-Te he dicho que no te movieses zorrita. 
-Perdón Amo.
-¿Frío?
-Sí Señor... 
-Vamos a calentar eso anda. Mi perrita cocinera se lo merece, hoy lo has hecho muy bien. 
De repente baja, me lame, me come succiona mi clítoris, lo frota con las manos.

-Señor, por favor...
-Córrete cuando quieras. córrete mucho.

Solo paró cuando se cansó, yo llevaba ya más de cinco y no podía más. 

Me desató, me limpió con una toalla húmeda, se tumbó a mi lado, me besó y me rodeó con sus brazos. 

-A dormir, es muy tarde. Sueña bonito pequeñita.
-Descanse mi Amo. 

No me hizo falta más que su olor para dormir. 


domingo, 16 de agosto de 2015

Postconcierto

Una falda tableada negra, una blusa blanca, sandalias de tacón negras, coleta alta. Ibamos caminando hacia el concierto, Él me besaba a cada rato, jugando con mis pechos sin sujetador. El concierto comenzó a las diez y media. Era una de mis cantantes favoritas y Él me había sorprendido esa tarde con las entradas. Habíamos ido antes a cenar. El concierto era en el faro, a pesar de la luz se veían las estrellas.

Me besó con intensidad durante todo el concierto. Cuando acabó  fuimos a mi casa. Yo estaba excitada después de todo el concierto.

Cuando llegamos me tumbó sobre la cama. Me desnudó y me besó por todo el cuerpo jugando con mi excitación. A cuatro patas me azotó y clavó su polla en mi ano.
Me folló frenético, sin permitir que me corriese, hasta que se derramó dentro de mí.

Se la limpié y me ató a la cama con las piernas abiertas. Desapareció y volvió con una taza de té. Trajo una vela y derramo cera en mis pezones. Con azotes sobre mis pechos hizo saltar la cera seca. Sobre mi cuerpo escribió con un rotulador frases que me humillaban y marcaban su propiedad.

Me dejó un rato atada, acariciandome y llevándome a los límites de mi excitación. Al final entró dentro de mí y me folló, permitiéndome correrme cuando Él lo hiciese. Caí rendida y para cuando acabó de desatarme, yo ya estaba dormida.

miércoles, 20 de mayo de 2015

Una noche cansada.

Llevo varios días cargadita  de trabajo... una época más atareada de lo normal. Salgo de trabajar muy tarde, está empezando a anochecer y me da coraje pensar que esta mañana apenas había amanecido cuando salí.

Casi me arrastro sobre mis tacones hacia la salida... hoy no me apetece alisar las arrugas de mi vestido azul, ni recomponer una trenza que ya no merece ser llamada así. Esta noche me meteré en la cama sin cenar, después de una ducha que no sabré disfrutar del cansancio. Ni siquiera oigo el dindin del ascensor al abrir sus puertas.

Una rosa y me suelto el pelo. Me besa en los labios mientras me abraza. Mi Amo, en la puerta, me lleva en brazos hasta el coche... podría pasar la eternidad enganchada a su cuello. En el coche una lata de te verde en mi lado, fresquita, dulce... mmm Lo Adoro por estas cosas. Nos dirigimos a mí casa. Bajo del coche y subo. Él abre la puerta trasera y agarra unas bolsas.  No sé lo que es, no hemos dicho palabra en todo el camino... me vale con su presencia para sentirme bien.

Abro la puerta y me desnudo, sé que le gusta así. Él lleva las bolsas a la cocina y cuando vuelve me agarra por detrás.

-¿Un baño pequeña zorrita?- me susurra al oido.

-Ahora mismo, Amo.- le digo dispuesta a prepararlo.

Me sujeta la mano, vamos juntos. Pruebo la temperatura del agua mientras Él enciende mis velas aromáticas favoritas. Dejo caer el jabón que hace espuma mientras Él suelta un par de bolas de aceite y unos pétalos de flores.

Desabrocho los botones de su camisa y bajo su pantalón despacio. Hace rato que se descalzó. Cuando con los dientes bajo sus calzoncillos no puedo evitar besar su polla.

-Vamos nena, vamos dentro.

Entra en la bañera y me ayuda a entrar. Me situa sobre Él. Con una esponja va lavando mi cuerpo, lo acaricia. Me voy perdiendo en las sensaciones que me provoca.

Cuando acaba me giro y lo enjabono yo a Él, que cierra los ojos, hasta que, sin ninguna intención... rozo con mis pechos su cara y él abre la boca y comienza a chupar un pezón...

Va turnando la atención que dedica a mis pechos, mientras yo sigo enjabonando, desde su cabeza a los pies, dejando para el final su entrepierna, que comienza a erguirse orgullosa.

La enjabono con las manos... dejando la esponja sobre su ombligo, deslizando el agua hasta su entrepierna. Hace rato que está limpia, pero sigo con las caricias, pajeándolo. Noto como empieza a gemir.

-Gírate y chúpala.

En esa posición, mi culo queda cerca de su cara y Él lame mi coño mientras yo chupo su polla. De vez en cuando un azote seco que me hace gemir.

Acelera el ritmo y yo con Él.
-Cuando veas que me corro, puedes hacerlo tú.

Comienzo a acelerar, a profundizar, a esmerarme cada vez más. Estoy muy caliente y no sé si aguantaré, estoy cansada y no controlo tan bien mi cuerpo.

Al fin noto su leche en mi garganta y me dejo llevar por un orgasmo largo, intenso y silencioso, mientras trago hasta la última gota. Cuando me recupero la dejo bien limpia. Lo miro y me sonríe, yo le devuelvo la sonrisa, orgullosa.

-Anda nena, vamos a acabar y salimos a cenar.
-Amo, no se si hay algo en la nevera, algo en condiciones quiero decir...
-Me lo imaginaba. Seguro que pensabas irte a la camita sin cenar ¿No?

Bajo la cabeza y me muerdo el labio, sonrío y pongo morritos... pocas cosas le importan tanto a mi Amo como mi alimentación.

Me besó la cabeza y me sacó de la bañera. Envueltos en albornoces esponjosos nos dirigimos a la cocina. Él sacó sushi de las bolsas, de mi restaurante favorito. Dos copas del armario y mi vino. Aún así, faltaba algo, Él llevaba tres bolsas y solo había sacado dos de la nevera.

-Si estás seca quítate el albornoz.
Me desnudé. Él se sentó y me indicó sus rodillas. Con los palillos le di un trozo de sushi en la boca y Él, me dio de comer directamente de su boca.  Comí así, enganchada a su cuello, con la certeza de que allí estaba más segura que en ninguna parte.

Cuando acabamos de comer me pidió que sacase la última bolsa del congelador... helado... pensé.

Fresa y mango, un sorbete que, tras tumbarme sobre la mesa, recorrió mis pechos mi ombligo y mi boca.

El postre lo tomamos así, el sorbiéndolo de mi, yo saboreándolo cuando él lo depositaba sobre mis labios, dejando que se derritiese en mi boca, sin moverme.

Me cogió en brazos y me llevó a la cama. Serían las once... yo no quería separarme de su lado, nunca.

Me lavó con una toalla húmeda los restos de helado que se habían quedado pegajosos en mi piel.

-Perrita, se que estás cansada. Gracias.
-Soy suya Amo, para servirle, para complacerle, para usted toda.
-Dime perrita. ¿Qué quieres?
-Quédese a mi lado Amo, quedese aquí esta noche.
-Eso por descontado mi niña. ¿Algo más zorrita?
-Hágame el amor Amo.

Me lo hizo, nos corrimos juntos, invadidos pro la ternura que su cuerpo desprendía. Y poco después, mis ojos se cerraban inevitablemente, mientras yo trataba de mantenerme despierta en su mirada.

-Duerme mi niña, duerme que yo te velo.

sábado, 21 de marzo de 2015

Cine.

Estaba lloviendo, lloviendo muchísimo, pero mi Amo tenía ganas de salir. Me recogió en la puerta de casa, para ir a un centro comercial. Yo llevaba un vestido rojo, medias negras y botas de agua.  Llegamos un poco antes de comer. El Amo me llevó de la mano hasta una tienda de ropa de hombre, quería ver un par de camisas. Eligió dos, una negra y una verde caqui. Entró a probárselas.

-Mientras nena, ve a mirar un cinturón de los que a mí me gustan. 

Encontré uno marrón oscuro, de cuero, ancho y con muchos boquetes... ese le gustaría y a mí también... ya me picaba el culo de pensarlo.  Fui a buscarlo al probador. 
-Pasa perrita.
Entré y lo vi con la camisa negra, tengo un Amo hermosísimo. Cerró la cortina del probador.

-A ver que has traído... me gusta, es bonito, vamos a ver si es útil. Contra la pared, abre las piernas... Muy bien perrita... saca el culo, más...  Ni un ruido.

Tres azotes secos, tal y como pensaba picaba, no hacía mucho daño y me gustaba.

-Pica ¿Verdad? no dejará marcas, pero te pondrá el culo colorado pronto, me gusta la flexibilidad que tiene, y los agujeros... ¿Qué te parece, gatita?
-Estoy de acuerdo, Amo.
-Pues vamos a pagar.
Me besó el cuello y lo lamió. Un escalofrío de placer recorrió mi cuerpo. Salimos y tras pagar me agarró para de la cintura para conducirme hacia mi tienda de ropa interior favorita. Eligió cuatro tangas y tras probármelos los compramos.
Seguimos caminando y mi Amo paró en el cine. Miró la cartelera y compró dos entradas de una película de humor francesa.
-Vamos a comer. Te dejo elegir, pero nada de comida basura.
-Gracias, Amo. ¿japo mi Señor?
-Siempre eliges lo mismo... lo sabía. - rió.

Entramos en el japonés y mi Amo pidió mesa para dos. Agua y vino blanco, la comida la elegí yo.
-Erytheia, ve al baño y quítate las braguitas y el sujetador.
-Amo... con este vestido... se me notará...
-Erytheia...
-Voy Amo.

Volví con el sujetador y el tanga en el bolso.
-Bien hecho chiquita. Termina de comer, nos queda media hora para ir al cine.
Cuando salimos del restaurante paseamos hasta el cine.
- ¿Quieres chuches para el cine?
-Amo, yo no como chuches... lo sabe bien.
-Hoy sí perrita.

Entramos en el cine y el Amo me indicó donde sentarme. Cuando la película empezó y todo estaba oscuro me dio un paquete de petazetas, se abrió la cremallera y me indicó que se la chupase. La sala estaba casi vacía y a nosotros nadie nos veía.  Se la chupé con los petazetas, era algo que le divertía y le excitaba, las chispas en su polla mientras mi lengua jugueteaba.   Me calenté y comencé a chupar con aún más fuerza. El Amo lo notó y comenzó a acariciarme. Me tocaba y me calentaba en igual medida, hasta que noté su leche en mi garganta. Lo miré, no aguantaba más y necesitaba correrme.
-Espera perrita, déjame la polla limpia.
Se la lamí hasta dejarla limpia y la guardé. El aumentó el ritmo y se acercó a mi oido.
-Venga, putita, córrete.
Exploté en silencio, convulsioné de forma profunda...
-Cuando lleguemos a casa, te voy a hacer un examen sobre la película, perrita..



lunes, 16 de marzo de 2015

Fin de semana en el campo. III (fin)

El fin de semana se acababa, era domingo y a las once y media estaba yo terminando de hacer las maletas. Mi Amo se había levantado a las cinco para correr y tomando el sol a la vuelta se había dormido. Le puse cerca una sombrilla (No es tan moreno como Él dice) y una botella de agua en un recipiente con hielo, despertaría con sed y yo lo sabía.  Me fui dentro para recoger las cosas, Él ya me había dicho que nos iríamos antes de comer. Terminaba de guardar los juguetes en mi maleta cuando apareció con la botella de agua en la mano.

-De rodillas perrita.

Llenó mi boca de agua helada y me metió su polla en la boca. Le gustaba que se la chupase así, con el agua fría. Se la mamé lentamente, bebiendo agua cada vez que notaba que se calentaba en mi boca. Me dejó seguir a mi ritmo, era de las pocos momentos en los que yo tomaba el control, hasta que se corrió. Me tumbó sobre la cama y abrió mis piernas, dejando mis rodillas levantadas.  Besó mis muslos y los lamió, sorbió de mi interior, jugó con su lengua (bendita lengua) succionó mi clítoris y me mordió. A mi Amo le encanta comerme y se nota su maestría (sus palabras exactas son que Él disfruta al completo de lo que le pertenece... y que tengo muy buen sabor.)  Me dejó correrme, pero siguió hasta que consiguió enlazarlo con un segundo orgasmo. Fue entonces cuando me metió el huevo con control remoto, me giró y me puso también el dildo anal. Me dio un azote seco en el culo y me dijo: Ve al baño, arréglate, vestido violeta tacones marrones, cola alta y maquillaje claro, hemos quedado con Carlos y Silvia para comer.  Carlos es uno de los mejores amigos de mi Amo, trabajan juntos. Silvia, su sumisa, se ha convertido en una de mis mejores amigas, compartimos todo, ella tiene más experiencia que yo y sabe dar buenos consejos. Fue mi Amo el que me la presentó, para Él es importante que yo tenga una amiga sumisa con quien hablar. En mi opinión es uno de sus mayores aciertos, yo nunca lo habría pensado.

Cuando estoy vestida y salgo del baño las maletas no están. Noto una vibración fuerte en mi coño y doy un pequeño respingo. Voy a buscar a mi Amo, es un aviso claro para que me de prisa. Lo encuentro en el coche, con las maletas dentro del maletero y apoyado mirando el reloj.
-Vamos tarde perrita.
-Perdón Amo.
Me muerde la boca y me besa. Entro en el coche y Él me cierra, me ajusta el cinturón y da la vuelta para sentarse Él. Adivino a donde vamos por el camino que coge, es un restaurante que me encanta, de pescado, a pie de playa.
-Agua, pescado a la plancha, quiero que tomes también algo de verdura. Te sientas a mi lado, frente a Carlos, no hace falta decirte como debes sentarte. Siempre que haya un plato en la mesa quiero que estés en silencio, a excepción de que Carlos o yo mismo te hagamos una pregunta directamente. Cuando todo esté retirado puedes hablar con Silvia. Si quieres ir al baño o necesitas pedirme algo agarra mi rodilla bajo la mesa y yo decidiré si te doy permiso para hablar. Es una comida de trabajo y necesitamos concentración.  En los postres puedes hablar lo que quiera. Os indicaremos cuando podéis abandonar la mesa, sé que querrás pasear por la playa. ¿Alguna duda perrita?
-No Amo.
-¿Quieres poner música?
-Si, por favor, Amo.
-Toda tuya.
Puse la radio, cuando el ritmo de la canción era lento activaba la vibración, en el estribillo subía una velocidad. Si la canción se acababa o no le gustaba lo apagaba, si el ritmo era rápido, sucedía igual, pero con más fuerza.  No me permitió correrme hasta que no estuvimos casi en la puerta del restaurante. El aparcacoches se extrañó de mi respiración agitada y mi Amo apenas podía aguantar la risa.  Cuando llegamos Carlos y Silvia estaban ya sentados. Amos se levantaron. Silvia me dio dos besos, comprobé que no había platos sobre la mesa. Carlos me besó la mejilla.
-Estás guapa, Erytheia.
-Gracias Señor.
Nos sentamos y nos dieron las cartas.  Dudé durante un rato, no sabía que pescado elegir, todos llevaban patatas y yo quería tomar verduras. Mi Amo, viendo mi confusión me señaló la dorada al horno, acompañada por pisto ¿Vale pisto? ¡Claro, ha dicho verduras, no ha dicho como! pensé, yo había buscado verduras a la parrilla.  Carlos pidió la bebida para todos y un plato de gambas a la plancha como entrante. Estuvimos charlando hasta que el camarero apareció con el plato. En ese momento Silvia bajó la mirada y calló, yo hice lo mismo.
Mi amo me sirvió un par de gambas y se lo dejó a Carlos que sirvió a su sumisa, después se sirvieron ellos mismos, cuando los vimos empezar a comer lo hicimos nosotras. Ellos hablaban de trabajo, yo me concetraba en mirar a Silvia de reojo, tratando de concentrarme en el plato. Cuando fui a beber agua la vibración comenzó y paré. Miré a mi Amo y Él me indicó que continuase con normalidad.
Observé que a Silvia le temblaba un poco la mano cuando se llevaba el tenedor a la boca y me sonreí, es bueno no estar sola en estas situaciones.
Cuando llegó el pescado la vibración llegó al máximo y ante la mirada del camarero a ambos Amos se les escapó una carcajada. Cuando se fue, Carlos dijo:
-¿Os pasa algo chicas? Dime Silvia.
-Nada Amo.- Contestó ella.
-¿Y a tí Erytheia? ¿Estás bien? - dijo mi Amo.
-Sí, Amo, estoy bien, gracias.
Estaba muy excitada, necesitaba correrme y creo que a Silvia le ocurría lo mismo.
-¿Quién crees que se correrá primero?
-No sé... ¿Las vamos a dejar correrse, amigo?
-Hagamos algo, ambas tienen permiso para correrse, pero pagará el dueño de la sumisa que se corra antes. ¿Te atreves?
-Andrés, trato hecho, mi perrita sabe aguantar muy bien, aceptaré encantado tu invitación.
-Ya veremos Carlos, ya veremos.

¿Por qué se le ocurrían esas ideas a mi Amo? Silvia tenía más experiencia, más práctica que yo en todo ésto... me van a dejar el culo de un color interesante... porque Él pagará, pero yo cobro seguro... Tengo que aguantar.

Los Amos se intercambiaron los mandos, para que fuese más justo. Al principio apagaron la vibración pero después cada uno controló la vibración a su gusto. Al principio fue suave, pero aumentaba cada poco y al final me costó verdaderos esfuerzos mantener el placer a ralla.  Miré a Silvia, se mordía los labios y cerraba los ojos, sujeta a la mesa. Traté de acompasar la respiración, aunque no era nada fácil. Al final vi que Silvia comenzaba a convulsionar... y comenzó a correrse, al verla a ella no aguanté más y se me escapó todo el autocontrol que había mantenido sobre mi misma. Ambas nos corrimos a la vez.

-Alucino. ¿Complicidad entre sumis, chicas?
Ambas negamos con la cabeza, creo que nos encontrábamos tan sorprendidas como nuestros Amos.
-Bueno Carlos, pagaremos a medias.
-Y cobran las dos, Andrés.
-Me parece justo, podría habernos salido a alguno gratis.
- Chicas, id al baño a asearos.
Nos levantamos y Silvia me dio la mano.
-Yo empecé antes niña... ¿Por qué no aguantaste? Ahora también te castigará a ti.
-No lo hice queriendo Silvia, aunque quede mejor decir que sí... tu orgasmo... me calentó y fue culmen.
-Bueno... creo que mañana no me sentaré en el bus camino al trabajo...
-Yo tampoco chica, yo tampoco.
Cuando volvimos del baño había dos pasteles de chocolate ante nuestros asientos, acompañados de una bola de helado.  Terminamos y nos fuimos a pasear las dos, mientras nuestros Amos tomaban su café y pagaban la cuenta.

Escuché al rato un silbido y nos dimos prisa en llegar a la puerta del restaurante, nuestros Amos nos esperaban al lado de los coches.  Nos despedimos y emprendimos la marcha.
Mi Amo subió a mi piso cuando me dejó allí. Me pidió el cepillo del pelo, pero no fue demasiado duro. Después me levantó de sus rodillas y me llevó al rincón, me dejó cara a la pared. Era algo que le gustaba y a mí, aunque me humillase, también.
Cuando volvió me desnudo entera y me llevó al baño. Se metió conmigo, nos bañamos y me puso crema en el cuerpo. Pidió pizza y a las diez se fue, dejándome metida en la cama, donde me dormí agotada después de todo el fin de semana.

sábado, 14 de marzo de 2015

Fin de semana en el campo.

Mi Amo tiene una casita en el campo, no es muy grande, dos habitaciones normalitas, un salón con cocina abierta que es perfecto para reuniones de amigos, dos baños y un jardín enorme con piscina incluida. Algunos fines de semana, si no tenemos otros compromisos, mi Amo me lleva allí. A mí me encanta.  El sábado por la mañana me llama tempranito, normalmente me despierta el teléfono, me da una hora para ducharme y preparar una maleta con algo arreglado para salir a cenar, zapatos de tacón y algo más ligero por si bajamos al pueblo, después debo meter todos los juguetes que tenga en casa. Él aparece justo cuando pasa una hora, yo me visto con algún vestido ligero que él elige y zapatos planos, me dejo el pelo suelto y pongo mis gafas de sol sobre mi cabeza. Bajamos a desayunar al bar de enfrente, mi Amo me conoce tan bien que está seguro de que no he desayunado con los nervios del viaje. Pide dos cafés, tostadas también para los dos y un zumo de naranja y una manzana cortada a trocitos solo para mí (vuelvo a pensar que está obsesionado con que tome fruta, pero no lo comento.) -Bebe, que se van las vitaminas. - me dice y yo me río, a veces parece mi abuela.
Desayunamos tranquilos, charlamos de cosas banales... he dormido bien; sí, Amo sí cené en condiciones; no... no me quedé hasta tarde viendo la tele; no, tampoco leyendo... ¿A qué hora? ... no sé Amo, creo que no miré el reloj...; probablemente sí, después de las doce...; ¿Tarde? Señor que era viernes....; No, no creo que me lo merezca... pero lo aceptaré Amo.

Subimos a casa y me pone sobre sus rodillas.
-Perrita, vamos a recordar un poco... ¿A qué hora te debes ir a dormir para estar descansada cada día?
-Antes de las once los días de trabajo Amo.
-¿Y cuando no trabajas?
No contesto y el primer azote me pica por el impacto.
-Ay, antes de las doce Amo.
-Entonces ¿Te mereces o no el castigo?
-Pero estaba acostada...- otro azote.
-No seas contestona. ¿Has incumplido o no?
-Sí, Amo, sí, me lo merezco.
-Pues cuenta.
Me caen 15, más los dos de antes... no son muchos pero pica... y nos queda una hora de viaje--- odio ir en coche después de una azotaina.
-¿Vas a ser obediente?
-Sí Amo.
Me sienta con cuidado sobre sus rodillas y me besa. Me acaricia y me mima... se pasa un poco el dolor.
-Ve a tumbarte en la cama, bocabajo.
Obedezco... no lo ha dicho con un tono que me indique más azotes... Aparece poco después en la habitación con crema hidratante... No han sido muchos azotes, pero no puede dejar de cuidarme... Estoy muy relajada, hasta que noto presión en mi culo y me tenso un poco.
-Relaja pequeña, ya lo has llevado otras veces.
Me relajo y el dildo entra despacio. Queda ajustado en mi culo y me ayuda a levantarme. Coge mi pequeña maleta y me dice.
-Puedes quitarte las braguitas... llevándola por los tobillos vas a llamar la atención por la calle. -Nada de ropa interior... lo imaginaba... incluso me extrañó que me las diese antes... tampoco llevo sujetador.
Bajamos y andamos hasta el coche, que está en una calle paralela. Me siento rara con eso en mi culo... lo he llevado muchas veces, pero creo que no me acostumbraré nunca.
Cuando me siento en el coche me molesta el contacto del asiento con la piel, imagino que aún la tengo colorada. Abro las piernas y Él me ajusta el cinturón. Me descalza y sube mis piernas al salpicadero, abiertas. Entra en el coche por el otro lado, se pone el cinturón y arrancamos.
-Vamos a jugar perrita, quiero que te masturbes, cuando el semáforo se ponga en rojo o encontremos un stop tienes que parar. No te puedes correr, de momento.


viernes, 13 de marzo de 2015

Visita inesperada

Estaba tumbada en el sofá, medio adormecida . Sonó el timbre... pensé que era  publicidad y  me quedé tumbada pero insistió... abrí sin contestar. Subió... Llamaron a la puerta y me levanté a abrir.
-¿Abres a cualquiera sin preguntar?
-Perdón Amo, pensé que era publicidad y no le di importancia.
- mmm bueno... ¿Estabas dormida perrita?- dijo acariciandome el pelo.
-No Amo, solo descansando...
-¿Y puedo pasar?
-Si, si claro Amo, por supuesto... quizás está un poco desordenado... no me ha dado tiempo a nada y llegué cansada... pero me iba a poner en un rato Señor.
-Tranquila pequeña... vamos a sentarnos... no pasa nada, no te voy a castigar por descansar un rato, tienes que estar bien...-Se sentó y yo me quedé a su lado, de pie. - pero ven a mi lado- dijo agarrandome por la cintura y sentándome sobre Él. - ¿Qué te pasa perrita? Estás nerviosa.
-Nada Amo, solo que no lo esperaba...
-¿Te incomoda que haya venido sin avisar?
-No, estoy encantada de que esté aquí Amo, pero así vestida... con la casa sin ordenar bien... me da apuro que usted no esté a gusto
-Si el problema es la ropa gatita, quítatela.
Sabía que no importaba que dijese que no hacía falta, ya me la tenía que quitar, lo hice... e incluso me sentí más cómoda.
-no me gusta que estés incómoda conmigo perrita, no creo haberte dado motivos para ello. ¿O si?
-No Amo.
-Explícame que te ocurre.
-Yo quiero que esté usted orgulloso de mí Amo y quiero estar a la altura en todo.
-Yo estoy orgulloso de ti perrita.
Me puse roja, contentìsima y lo besé.
El me sentó a horcajadas entre sus piernas y me besó, acariciando mis pechos.
-De rodillas.
Supe lo que tenía que hacer. Desabroché su cinturón y quité el botón de su pantalón para bajarlo.
-Sin manos.
Con los dientes bajé la cremallera y Él se levantó para bajarle el pantalón. Con los dientes sujeté el elástico del calzoncillo y lo bajé. Su polla me dió erecta en la cara. La lamí entera y di besos pequeños en la puntita.
Me la metí entera en la boca, succionando y jugando con mi lengua, aguanté dentro hasta que necesité respirar y comencé a meterla y sacarla lenta y profundamente, arañando con mis dientes, jugando con la lengua. Cuando me la sacaba lamía sus huevos y  después la volvía a meter.
En un momento me agarró la cabeza y me movió Él, follándome la boca. La sacó y se corrió sobre mi pecho.
-Ahora si puedes usar las manos.
Con mis dedos recogí la corrida y los lamí hasta limpiarlos, hice lo mismo con su polla y con unas gotas derramadas en el suelo.  Se la guardé con cuidado, me sentó sobre sus rodillas y me besó, ya no estaba nerviosa.

jueves, 12 de marzo de 2015

La playa.

-Explícame Erytheia, ¿Por qué vamos a la playa, si a mí lo único que me gusta de la playa es verte en bikini y en casa te puedo ver desnuda?
-Porque es usted muy bueno, Amo.
-¿Y tú? ¿Vas a ser buena?
-Por supuesto Amo.
-¿Vas a ser muy obediente?
-Sí, Amo.
-Eso quería escuchar... muy bien perrita.

Puso música en la radio, acabábamos de salir de la ciudad, hacía demasiado calor para ser Marzo y el Amo me había dado el capricho de llevarme esa tarde a la playa. Yo llevaba un vestido de manga corta y zapatos bajos, Él unos pantalones beige y una camiseta de manga corta ¿He dicho alguna vez que es muy guapo? Lo repito. Es muy guapo.

Yo llevaba las piernas abiertas, un pie sobre el salpicadero y una mano cerca de Su entrepierna. Él conducía tranquilo. De vez en cuando acercaba una mano a mi pecho, en los semáforos me besaba... respecto a eso... tengo una propuesta para poner semáforos en las autopistas ¿alguien sabe donde se pueden enviar?  

Llegamos a la playa sobre las seis de la tarde (una cosa es que mi Amo acceda a ir a la playa y otra es que vaya en las horas de más calor) a mi me gustaba esta hora porque la gente a partir de las siete suele irse y es mucho más tranquilo.  Él me indicó donde ponernos, cercanos a la orilla en una zona alejada de donde estaba todo el mundo.  Me indicó que me tumbase bocabajo y me puso protección por la espalda, después me dio la vuelta y hizo lo mismo con la parte de delante, especialmente en la cara y el pecho.
-Amo, protección 50 a las seis de la tarde, en Marzo... me gustaría coger color.
-Yo conozco métodos más rápidos para coger color en algunas zonas del cuerpo perrita - contestó señalando mi culo.
-¿Quiere que le ponga yo Amo? - cambié de tema
-No es necesario, estamos en Marzo- dijo riendo...- y yo soy moreno - añadió para que viese que lo decía en serio.
Me tumbé a tomar el sol y lo vi levantarse y pasear... era muy inquieto... y odiaba la playa...
"Tengo el Amo más bueno del mundo" pensé y cerré los ojos. Estaba muy relajada.

Él me despertó a la media hora. Me agarró la mano y me llevó al agua. Estaba muy fría y me costó entrar... Una vez dentro me besó con intensidad... solo quedaba alguna persona paseando por la playa. Me muerde la lengua, baja hacia mi cuello. "Tócame" dice en un sonido ronco, mientras lame de mi cuerpo la sal. Me besa, me araña, me acaricia, me muerde... yo juego con su polla con las manos. Me gira y me abraza. Solo veo el horizonte y así como estoy me la mete profundamente, hasta el fondo. Me bombea de pie, siento las olas moverse y el mar a mi alrededor, no toco el suelo, me mantiene sobre Él. Cada vez más rápido y mientras sigue comiendo mi cuello, pellizca mis pezones, los retuerce... Comienzo a gemir.
-No gatita, no te vas a correr aún.- me dice cuando ve que mi placer se intensifica.  Por toda respuesta yo gimo y me muerdo los labios... intento acompasar la respiración, serenarme... pero el bombea aún más fuerte, embiste de forma salvaje y me vuelve loca... - Cuando sientas mi leche perrita, cuando sientas mi leche puedes dejarlo ir.
Siguió, me envolvía el placer. Apenas me daba cuenta de como anochecía. Hasta que cuando pensé que no lo conseguiría sentí su leche en mi cuerpo y me dejé ir, de forma silenciosa, profunda, eterna.
Salió de mí y me besó. Me agaché y limpié con mi lengua su polla.
-Lista, Señor.

martes, 10 de marzo de 2015

El final del día.

Mi Señor me llamó cuando salía de los cursos a los que asistía algunas tardes. Ese día no había parado en casa ni para comer.
- Hola bonita. ¿ te apeteceria venir a casa? tengo ganas de verte Contéstame sinceramente, si estás cansada no pasará nada.
-Siempre me apetece Señor. Iba a subir  al metro para ir a casa. ¿Cuando quiere que esté allí?
-ven ya.
Me senté para retocar un poco mi maquillaje, me había cogido de imprevisto. Me bajé un par de paradas antes de lo que lo habría hecho de ir a casa y caminé hasta la suya... comencé a notar la emoción a medida que me acercaba... por su voz intuí que estaba cansado y decidí que me afanaría en su tranquilidad. 
Al abrirme la puerta me abrazó contra su pecho y me besó la frente, suspiró... sin duda no había sido un buen día.

Cuando me soltó me quité las braguitas y las puse en el pomo de la puerta. "Nada de ropa interior en mi casa" a mi Señor le divertía ver que dejaba mis braguitas lo más fuera de su casa posible.

-Ponte cómoda pequeña.
Cuando estaba con Él eso significaba quitarme lo que llevase puesto, algunas veces ponerme algo que Él me daba, pero en su mayoría me quedaba desnuda. Me gustaba desnudarme ante Él, a pesar de que en un principio siempre pensé que me moriría de vergüenza cuando lo hiciese.

Se sentó en el sofá y yo lo seguí, aún llevaba la ropa de trabajo. Fui al baño a por una toalla que humedecí con agua caliente. En el salón me arrodillé ante Él y con su permiso lo descalcé para masajear sus pies con la toalla.

Él me sujetó los hombros y me subió a su regazo. Me  acariciaba con suavidad el cuerpo y yó masajeaba su cabeza. Me besaba poco a poco.

Al rato, entre la tranquilidad sentí sonar sus tripas.

-¿Quiere cenar Amo?
- no he preparado nada chiquita.
-si me lo permite Amo, yo lo haré, solo por hoy Señor.
-ponte algo que te proteja el cuerpo, un delantal, no quiero que cocines desnuda.
Sonreí, mi Amo decía que Él cuidaba lo que era suyo y rara vez permitía que fuese yo la que cocinase y sirviese la mesa... normalmemte era pinche, si no estaba la comida lista cuando yo llegaba.  Por eso me hacía ilusión que me lo permitiese, a mí también me gustaba cuidarlo.
-¿ Qué quiere de beber Amo?
-Debe de haber manzanilla en la nevera y también debe haber de "tu" albariño, ponte una copa.

Fui a la cocina y serví su copa junto con almendras y aceitunas. Lo llevé al salón, abrí la mesita auxiliar y se lo dejé todo al alcance de la mano, deslicé el puf bajo sjs pies y me acerqué a besarlo, Él me permitía besos de imprevisto en esas situaciones, creo que le gustaban. Me retiré a la cocina y me puse la copa de "mi" albariño (Él lo llamaba así porque casualmente llevaba mi nombre)  

Pensé que lo mejor era una cena de picoteo, varias cosas diferentes. A Él le gustaba mi crema de calabacín, pero lo desheché por el ruido de la batidora, cuando le comenté la propuesta estuvo de acuerdo; así que preparé una tabla de quesos, tostas de boquerones, barquitos de melva, banderillas variadas etc. Cuando estaba acabando eso me dijo:
- Perrita ¿puedes hacer algo calentito?
- ¿Qué desea Amo?
- Debe haber caldo de puchero en la nevera ¿Puedes hacer un poco de sopa?
-Por supuesto mi Señor.

Mientras calentaba el caldo piqué jamón, huevo duro y cocí arroz. Lo puse todo en platitos pequeños y el caldo en un bol. También llevé agua y se lo serví.

Él puso un cojín en el suelo y me ayudó a sentarme en el, yo me había quitado el delantal en la cocina. Tomò mi copa de la mesa auxiliar y me dio un sorbo, masticó un trozo de queso y me dio un bocado a mí. Me dio una cucharada de sopa y tomó Él otra, repartio una banderilla para los dos... así con toda la cena. Cuando acabó fui a levantarme para retirarlo todo y me frenó. Yo lo miré indecisa y me hizo un gesto con la mano que quería decir: " dar y recibir" para luego levantarse Él y recogerlo todo.

Cuando volvió me afané hacerle una mamada tranquila. Él me tomó entre sus brazos y me meciò. "Te quedas a dormir." Yo asentí con los ojos cerrados. Y en ese momento me pregunto.

- Dime  gatita ¿Como querrías acabar el día si te doy a elegir?
-mi Amo ¿Qué ocurrirìa si le pidiese que me hiciera el amor?